El enemigo está en casa
Jesús Ibarra volvió a advertirle a Morena que puede equivocarse en Culiacán y pagar el costo en 2027. Tiene razón en algo: la ciudadanía está cansada de los errores y no va a votar en automático. Pero, cuando la advertencia viene de un aspirante que también asegura tener encuestas favorables y se presenta como el perfil mejor preparado, la autocrítica empieza a parecerse demasiado a promoción personal. Ibarra pide que se analicen bien las mediciones y que se escuche a la gente. La pregunta es si aceptará el resultado cuando la encuesta no lo coloque donde él cree merecer. Ya ocurrió en la medición estatal para coordinar la Cuarta Transformación: ganó Imelda Castro; Gerardo Vargas apareció en segundo lugar y tercer lugar una mujer y después Omar López. Ibarra cuestionó no ocupar, según dijo, el sitio que correspondía a Omar López. Algo sabía —o algo le habían dicho— para esperar ese lugar; al final, la medición difundida no lo puso ahí. Ahora sostiene que Morena debe tener cuidado con perfiles ligados a gobiernos anteriores y que la ciudadanía se los va a cobrar. El señalamiento puede ser válido, pero también deja una pregunta incómoda: ¿habla de un criterio general o de una advertencia dirigida a quienes compiten con él? Porque en Culiacán todo indica que la decisión podría recaer en una mujer, y aun así Ibarra insiste en que el partido debe revisar muy bien sus números. Su convicción de que sus propias mediciones lo favorecen no convierte, por sí sola, esa expectativa en una verdad. Morena tendrá que escuchar a la ciudadanía, sí. Pero también tendrá que decidir si sus aspirantes quieren fortalecer el proyecto o presionar para que el partido confirme lo que cada quien ya cree de sí mismo. Si sus cuadros convierten cada encuesta en motivo de disputa y cada desacuerdo en una acusación de error, el peor enemigo de Morena seguirá siendo Morena. Y en Culiacán, la ciudadanía tendrá la última palabra.
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El colapso que se viene
Por cierto, si hay una constante entre los seis visibles aspirantes a la Coordinación Municipal de la Defensa de la 4T en Culiacán, es la ausencia de un llamado convincente a la unidad. Por el contrario, un día sí y otro también se reparten zancadillas, codazos y hasta rodillazos, por debajo y por encima de la mesa. Todos se asumen como los de mayores méritos y, entre líneas, advierten que sin ellos Morena está condenada a perder la capital sinaloense. El espectáculo exhibe el maniqueísmo de quienes confunden la popularidad de una marca con los méritos propios y se cuelgan de las siglas de Morena como si fueran credenciales de liderazgo. Porque, si a cualquiera de los seis —Tere Guerra, Merary Villegas, Serapio Vargas, Jesús Ibarra, Alonso Ramírez y Rubén Miranda— se le suelta a recorrer la avenida Álvaro Obregón, probablemente abandonaría la ruta una cuadra antes de llegar a Catedral. La gente ni los topa. Una cosa es beneficiarse del arrastre electoral de un partido y otra muy distinta tener capital político propio para conquistar el voto ciudadano. Pero el problema no termina en las ambiciones desbordadas. También exhibe la ausencia de un liderazgo capaz de poner orden, contener las pasiones y recordarles a los aspirantes que la competencia interna no puede convertirse en una demolición anticipada del proyecto que dicen defender. Si Morena permite que la disputa se convierta en una guerra de egos, agravios y facturas por cobrar, el riesgo no será solamente elegir mal a quien coordine sus estructuras. Será llegar a 2027 con un partido fracturado. El colapso no llegará necesariamente desde la oposición. Morena podría provocárselo desde adentro, mientras sus aspirantes se disputan la candidatura como si el partido, la ciudad y sus electores les pertenecieran.
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La viga tricolor
Los Diputados del PRI salieron a decir que en Morena “cada quien hace lo que le viene en gana” y que el Gobierno no tiene pies ni cabeza por las renuncias de funcionarios que buscan una coordinación. Qué ojo tan selectivo: alcanzan a ver el desorden ajeno, pero no los codazos que vuelan en su propia casa. Paola Gárate ha señalado guerra sucia en su contra, pero no dice que esa guerra viene de sus propios compañeros y que detrás aún habría algo más grande, que busca inhabilitar sus aspiraciones. Mientras tanto, en el PRI cada quien mide sus fuerzas, sus respaldos y sus posibilidades rumbo a la candidatura. Hablan de trampolines políticos, pero antes de dar lecciones convendría revisar quién está empujando a quién dentro del tricolor. El refrán les queda a la medida: ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Porque la disputa priista parece ir menos por construir un proyecto común que por decidir quién tendrá la candidatura, la estructura y los recursos de campaña. Si alguien sabe cuánto pesa esa pelea, pregúntenle a Mario Zamora. Y mientras Morena les pone errores enfrente, el PRI se desgasta en pleitos internos y declaraciones de ocasión. Mucho dedo acusador, mucha viga tricolor… y muy poco avance.
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La austeridad también enferma
Más de mil 300 trabajadores de la salud en Sinaloa llevan desde 2022 esperando el Concepto 30, una prestación que reconoce los riesgos de su trabajo y que implica mejoras salariales y más días de vacaciones. La respuesta oficial, según los afectados que ayer se manifestaron en el Congreso del Estado, es que no hay presupuesto, aunque denuncian que el beneficio sí se otorga al personal sindicalizado. Qué ironía: quienes arriesgan su salud para cuidar la de los demás tienen que peregrinar para exigir derechos que otros ya disfrutan. La crisis del sector salud no solo se mide en hospitales, medicamentos o calidad de atención; también en el abandono de sus trabajadores. La austeridad de la 4T amenaza con echar por tierra conquistas laborales de décadas. Un gobierno que presume transformar el sistema de salud, pero posterga los derechos de quienes lo sostienen, termina convirtiendo la austeridad en otra forma de injusticia.