Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Viernes 10
Por:
Redacción el
9 de abril de 2026
El espectáculo… y la burla
Si el Congreso fuera teatro, lo de ayer sería comedia… pero de la mala. El diputado Serapio Vargas decidió encadenarse y amordazarse en plena tribuna, con ayuda de su compañero Pedro Lobo. Una escena que, lejos de abonar al debate, parecía sacada de una versión barata de 50 sombras de Grey… edición Temu. Y como era de esperarse, los memes no tardaron. Porque cuando el poder se ridiculiza solo, el país entero se ríe. Pero el problema no es el meme. Es el fondo. Porque mientras Sinaloa enfrenta problemas reales —inseguridad, productores presionando, tensiones sociales—, hay quienes en el Congreso creen que el momento histórico exige… encadenarse para exigir que se incluya la palabra “gobernadora” en la Constitución. Sí, así como se lee. No era por la violencia. No era por el campo. No era por la urgencia social. Era por una letra. Y cuidado: el debate sobre lenguaje incluyente es válido. Lo que no es válido es el nivel. La forma. El momento. La desconexión absoluta con lo que vive la gente allá afuera. Porque cuando un legislador convierte la tribuna en espectáculo, deja de representar… y empieza a exhibirse. Y eso es lo grave. Que el Congreso de Sinaloa, en lugar de ser espacio de soluciones, termine siendo escenario de ocurrencias. De protagonismos. De diputados que confunden visibilidad con ridiculez. Hoy no solo se encadenaron a una causa. Se encadenaron a la burla nacional, pero del diputado Serapio Vargas, no se puede esperar más.
*********
Violencia que no hizo ruido
Mientras el espectáculo en tribuna se robaba la conversación, hubo un episodio mucho más delicado que pasó casi inadvertido… y que debería encender más alertas. La denuncia de la diputada Aidee Corrales por violencia política en razón de género no es menor, ni puede diluirse entre el ruido. Es, en el fondo, un reflejo de prácticas que siguen presentes incluso en espacios que deberían representar respeto institucional. Porque no se trata solo de una expresión desafortunada. Minimizar a una legisladora por ser suplente, desde la tribuna y con tono despectivo, no es un desliz… es un mensaje. El señalamiento hacia el diputado Guadalupe Palma no llega aislado. Se suma a una narrativa que empieza a incomodar dentro y fuera del Congreso, donde ya no son pocos los que lo señalan por actitudes que rebasan la línea. Y ahí es donde deja de ser un tema personal para volverse institucional. Lo preocupante no es solo lo dicho, sino lo que puede normalizarse. Porque si desde el espacio más alto del debate público se permite degradar o minimizar, el mensaje hacia afuera es claro… y regresivo. Y luego está el silencio. La falta de eco. Porque cuando lo importante no es tendencia, corre el riesgo de no tener consecuencias. Y lo que se deja pasar… se repite. Esto no fue espectáculo. Pero sí debería importar más. Y peor aún… a la percepción de que el nivel legislativo está muy por debajo de lo que Sinaloa necesita.
*********
Fast track… sin fondo
Lo dicho por la diputada Roxana Rubio no es nuevo… pero sí vuelve a poner el dedo en la llaga: el Congreso como oficialía de partes. Minutas que llegan el mismo día, documentos de más de 70 páginas… y votaciones en automático. El famoso “fast track” que convierte el debate en trámite y la representación en simple validación. Porque más allá del señalamiento político, hay una pregunta de fondo: ¿se está legislando o solo se está cumpliendo? La mayoría de Morena tiene los votos, sí… pero eso no debería sustituir el proceso. Leer, analizar, debatir. Lo básico. Lo mínimo. El término “levantadedos” incomoda… pero prende porque conecta. Porque en la percepción pública, votar sin discusión no es eficiencia, es subordinación. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, el Congreso deja de ser contrapeso… para convertirse en extensión. Aquí no se trata de frenar por frenar, ni de politizar todo. Se trata de cuidar la forma para no vaciar el fondo. Porque las reformas que se aprueban así —rápidas, sin lectura, sin debate— no solo pasan… pesan. Y al final, la duda queda: ¿cuántos votan convencidos… y cuántos solo cumplen?
*********
Presionar… hasta cobrar
Lo de Guerreros Azules ya dejó de ser protesta… para convertirse en método. La toma del Museo de Los Tigres del Norte en Mocorito no es un hecho aislado, es parte de una escalada perfectamente calculada: Ayuntamiento, DIF… y ahora un símbolo cultural. Presionar, incomodar, cerrar, exhibir… hasta que algo ceda. Y lo cierto es que, les ha funcionado. Porque más allá de la causa —que puede tener sustento en resoluciones y adeudos reales— lo que empieza a llamar la atención es el cómo. No es gestión, es presión sistemática. No es interlocución, es desgaste. Y en ese terreno, la figura de Yesenia Rojo Carrizoza vuelve a colocarse en el mismo lugar: el de quien entiende que en Sinaloa, insistir con ruido puede ser más efectivo que negociar en silencio. El problema es que esa fórmula, aunque rentable en lo inmediato, distorsiona el fondo. Porque no estamos frente a una lucha social tradicional ni a un activismo desinteresado. Aquí hay estrategia, cálculo… y antecedentes. No es la primera vez que se empuja hasta el límite para obtener una respuesta, ni sería extraño que no sea la última. Y mientras tanto, la autoridad municipal sigue ausente. Sin operación política, sin contención, sin capacidad de anticipar un conflicto que claramente venía creciendo. Porque cuando el gobierno no resuelve, alguien más impone el ritmo. Y hoy, ese ritmo lo está marcando la presión. Al final, el mensaje es claro: en Mocorito, el que aprieta… avanza. Y eso, más que solución, es precedente.
Etiquetas:
#SinAmbages, #Columna, #Diario, #Adiscusión
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de DIARIO ADISCUSIÓN; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.