“Pues no creían, yo les dije y siempre les platicábamos de lo que está pasando ahorita, que nos lavamos la boca con agua con mierda, les dijimos que les iba a llegar, pero no creían”, señala Enrique Enciso, uno de los fundadores del colectivo Un Salto de Vida, que desde hace 21 años intenta detener el grave deterioro del río Santiago, considerado el más contaminado del país y del territorio por el que corre.
Mientras camina por el ruinoso mirador de la cascada de 27 metros de alto que alguna vez fue conocida como El Niágara Mexicano, en la frontera de los municipios de El Salto y Juanacatlán, a unos 36 kilómetros de la capital de Jalisco, Enciso menciona que la crisis por el agua sucia que actualmente se vive en la zona metropolitana de Guadalajara es consecuencia de lo que se permitió hacer en este sitio: contaminarlo todo en nombre del progreso y los negocios de unos cuantos.
“La primera gran mortandad de peces fue a finales de los años 70, el río se veía todo blanco por las panzas de los peces muertos, en ese entonces vinieron de la Ciudad de México a ver qué había pasado y dijeron que fue por la contaminación, ya que había empresas grandes que descargaban al río, entre ellas una petroquímica, pero no hicieron nada, dejaron crecer el problema y ahora mira”, dice.
Agua intratable
En los límites de Tlaquepaque y El Salto está la presa Las Pintas, donde desfoga el canal del mismo nombre, ambos forman la última parte del “sistema antiguo”, un acueducto a cielo abierto por el que se conduce desde el lago de Chapala 20% del agua que se consume en la metrópoli. El olor nauseabundo que emana y el color negro del líquido que corre por ahí hace difícil pensar que se pueda utilizar para lavar ropa o trastes, mucho menos para bañarse o lavarse los dientes.
Sin embargo, así fue hasta el pasado 7 de octubre, cuando el gobierno estatal cerró las compuertas de este sistema, ante los reportes de agua contaminada saliendo por los grifos de las casas.
“Es agua (...) imposible de potabilizar”, afirma Juan Pablo Macías, investigador de temas hídricos, y quien durante 13 años ha monitoreado la calidad del agua del “sistema antiguo”.
“Lo que encontré es una degradación y un deterioro progresivo desde 2013 hasta 2026; encontré coliformes fecales en niveles muy alarmantes, había presencia de metales pesados, había manganeso, hierro, aluminio, nitrógeno amoniacal, sustancias activas al azul de metileno, es un cóctel de contaminantes que la Planta Potabilizadora de Miravalle [a donde era conducida esa agua], con la tecnología que tiene, que data de 1956, no puede potabilizar”, afirma.
Asegura que el origen de esta contaminación no es difícil de imaginar: son las descargas irregulares a lo largo de este canal, y que le corresponde rastrear y denunciar al Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), organismo estatal que se encarga de la gestión del agua en la ciudad.
“Un sistema que conduce agua para su posterior potabilización y consumo humano no debe de tener descarga de aguas residuales, eso va en contra de todo el sentido común. El SIAPA es el responsable de acuerdo a su reglamento interno, en el artículo 38, de mantener, vigilar y operar el sistema antiguo de conducción; para mí era mejor controlar lo que sucede en el sistema antiguo [antes que cerrar las compuertas], combatir las descargas de aguas residuales, sancionar a quien se tenga que sancionar, pero no hemos escuchado de sanciones”, afirma el investigador.
Ahora, con 20% menos de agua llegando a la urbe se ha implementado un esquema de tandeos por sectores en los que no habrá agua dos o tres días por semana; la medida —que se estima impacte a 45% de la población de la ciudad— se extenderá por lo menos seis meses, mientras se moderniza y amplía la Planta Potabilizadora de Miravalle y se construye un bypass para que el agua llegue hasta ahí sin pasar por el canal y la presa de Las Pintas.
Verdades a medias
Desde la parte alta del Cerro del Tesoro, al sur de la ciudad, José Arturo Gleason, profesor e investigador de la Universidad de Guadalajara, explica a sus alumnos de doctorado cómo funciona hidrológicamente el territorio de la cuenca del Valle de Atemajac. Opina que lo que ocurre con el canal y la presa de Las Pintas es sólo parte de un problema más complejo, del que no se tiene un diagnóstico preciso.
Recorriendo la cuenca va mostrando a los alumnos cómo hay puntos donde las líneas de distribución o los tanques de almacenamiento de agua potable conviven o están muy cerca de tuberías o canales de aguas negras, cuyo estado se desconoce por la falta de monitoreo constante.
“Ha habido algunos [diagnósticos del sistema], pero muy someros y no hay uno a conciencia y actualizado. Hay que recordar que estos diagnósticos se tienen que hacer periódicamente, no es un copy paste, es ir al lugar, verificar deterioros, hacer mejoras, ver cómo funcionaron esas mejoras y si perduran”, dice.
En su opinión, las medidas propuestas a corto, mediano y largo plazo por la administración estatal —desde el cierre del canal y la presa Las Pintas hasta la construcción de un nuevo acueducto desde Chapala— son sesgadas y limitadas.
“Se nos vende la idea de un gran tubo para sustituir el primero que estaba de Chapala a Guadalajara, pero es un proyecto cuya justificación se basa en lo que unos ingenieros piensan y creen que es lo mejor, y dejan de lado otros aspectos, por decir un ejemplo, las redes agujereadas, las redes viejas, contaminadas: son más de 8 mil 500 kilómetros de redes, 162 tanques de almacenamiento y rebombeo”, dice.
Continúa: “Tenemos seis acueductos que distribuyen, un acuaférico, pero ¿en qué condiciones están? La mayoría de los acueductos, del más nuevo al más viejo tiene de 70 a 45 años. No sabemos con exactitud cómo sale el agua de Chapala hacia Guadalajara, cómo llega tampoco; hay estudios aislados, esporádicos, pero se requieren estudios más completos, más puntuales, continuos”.
Gleason piensa que estamos en camino de tocar fondo y se requiere un cambio en los hábitos de la gente y la forma en que se gestiona el agua. “No es que falte agua, caen sobre nuestras cabezas 777 millones de metros cúbicos al año, estamos hablando de cuatro veces lo que le sacamos a Chapala, y 60% se va a los drenajes. Agua hay de sobra, lo que no hay es buena gestión del agua.
“No estamos de acuerdo con la privatización, porque lo que ellos llaman CMRO [la propuesta del gobierno de Jalisco para construcción, mantenimiento, rehabilitación del nuevo acueducto] incluye capital privado, mientras el SIAPA está destrozado y hay corrupción.
“No se necesita la privatización, se necesita el ingenio, la capacidad, el esfuerzo de todos”, precisa.
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Con información de El Universal