Diplomacia que suma
En política, las reuniones también envían mensajes. El encuentro que sostuvo el gobernador Rubén Rocha Moya con el cónsul general de Estados Unidos en Hermosillo, Drew Hoster, acompañado por el alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez Mendívil, va más allá del protocolo diplomático. En el fondo, refleja la importancia que Sinaloa tiene dentro de la relación económica y productiva entre México y Estados Unidos. No es un dato menor. El mercado estadounidense sigue siendo el principal destino de buena parte de las exportaciones sinaloenses, especialmente del sector hortícola, uno de los motores históricos de la economía estatal. Por eso, cuando autoridades locales y representantes diplomáticos dialogan sobre cooperación económica, turismo, educación o inversiones, en realidad están hablando de cómo fortalecer una relación que impacta directamente en empleos, comercio y desarrollo regional. También hay un componente político relevante. La presencia conjunta del gobernador y del alcalde de la capital sinaloense proyecta una señal de institucionalidad: la disposición de trabajar en coordinación para posicionar al estado como un destino confiable para la inversión y para la cooperación internacional. En un contexto global donde la economía se mueve cada vez más por redes de colaboración, mantener puentes abiertos con socios estratégicos es fundamental. Sinaloa, con su vocación agrícola, su potencial turístico y su creciente interés para proyectos de inversión, tiene mucho que ganar cuando estos canales de diálogo se mantienen activos. La diplomacia, cuando se ejerce con visión práctica, deja de ser solo un gesto protocolario y se convierte en una herramienta para impulsar desarrollo, intercambio y oportunidades compartidas entre dos naciones que están inevitablemente conectadas.
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Seguridad con estrategia
Aunque la visita del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, finalmente no se concretará este jueves en Mazatlán como se había anunciado, el tema de fondo sigue sobre la mesa: la seguridad continúa siendo una prioridad que exige coordinación constante entre la federación, el estado y los municipios. El encuentro con empresarios del sector turístico e inmobiliario se mantiene, ahora encabezado por autoridades federales del Sistema Nacional de Seguridad Pública y de la Secretaría de Turismo, lo que confirma que el diálogo entre gobierno y sector productivo sigue activo. En realidad, la seguridad moderna no se limita a operativos o a la presencia de una figura en particular. También implica fortalecer a las corporaciones, dotarlas de mejor equipamiento, ampliar el estado de fuerza y, sobre todo, dignificar el trabajo policial con mejores sueldos, capacitación y condiciones laborales que permitan construir instituciones más sólidas. Cuando se invierte en los policías, se invierte también en la confianza de la ciudadanía. Pero la estrategia va más allá del ámbito policial. El combate a la inseguridad también pasa por atender las causas, abrir oportunidades para los jóvenes, recuperar espacios públicos y generar alternativas que alejen a las nuevas generaciones de caminos equivocados. Nuevas canchas deportivas, programas de apoyo a la juventud y políticas sociales enfocadas en la prevención forman parte de esa otra cara de la seguridad: la que se construye desde el tejido social. Sinaloa sabe que el desafío es grande, pero también que la ruta correcta sigue siendo la suma de esfuerzos. Coordinación institucional, inversión en las corporaciones y atención a las causas son piezas de un mismo engranaje. Y aunque las agendas cambien o se reprogramen, la estrategia para recuperar la tranquilidad no puede detenerse.
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El tribunal del WhatsApp
El caso de la diputada con licencia Almendra Negrete sigue dando de qué hablar y, conforme se conocen más detalles, la discusión se vuelve todavía más delicada. La denuncia por presunta violencia política en razón de género se sustentó en capturas de conversaciones privadas de WhatsApp. Pero lo que ahora llama la atención es el origen de esas pruebas: quien presentó los chats resulta ser un excolaborador vinculado al propio entorno político de la legisladora “con licencia”, alguien que incluso trabaja dentro del Congreso. El episodio abre una pregunta inevitable en el terreno público: ¿hasta dónde puede llegar el uso de conversaciones privadas como herramienta de disputa política? Porque una cosa es sancionar expresiones públicas que realmente vulneren derechos y otra muy distinta es convertir los intercambios privados entre dos personas en materia de procesos políticos o judiciales. La libertad de expresión también existe en el ámbito personal. En los chats entre amigos, familia o conocidos se dicen muchas cosas, algunas más afortunadas que otras. Si cada conversación privada pudiera terminar en tribunales, probablemente medio país estaría enfrentando denuncias por lo que comenta en confianza. Por eso el fondo del debate no es menor. Defender los derechos de las mujeres en la política es indispensable, pero también lo es cuidar que esas herramientas legales no se conviertan en mecanismos de persecución o intimidación contra ciudadanos por conversaciones que nunca estuvieron destinadas al espacio público. En política, las causas legítimas pierden fuerza cuando se utilizan como arma de confrontación personal. Y cuando además aparece la figura de un “soplón” surgido del propio círculo político, la historia adquiere un matiz todavía más contradictorio. A veces, los casos que pretenden exhibir a otros terminan revelando mucho más sobre quienes los impulsan.
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El chiste se cuenta solo
En política también hay momentos que rozan lo irónico. Esta semana, el PRI en Sinaloa lanzó un llamado a construir una gran alianza entre partidos de oposición para enfrentar los problemas del estado. La invitación fue dirigida al PAN, Movimiento Ciudadano y al PAS bajo el argumento de que es momento de dejar de lado diferencias y construir una agenda común. La idea de sumar siempre suena bien en el discurso. El detalle es que, cuando se observa el panorama interno del propio priismo, la propuesta deja espacio para la inevitable sonrisa política. Un partido que todavía batalla para mantener cohesión hacia adentro, que arrastra desencuentros entre sus propios cuadros y liderazgos, ahora plantea convertirse en el punto de encuentro de una alianza mayor. En otras palabras, buscar unidad afuera mientras la casa sigue en proceso de ordenarse adentro. La paradoja no pasa desapercibida en el tablero político local. Antes de convocar a una coalición amplia, quizá el primer desafío sea lograr que las piezas internas caminen en la misma dirección. En política las alianzas se construyen con liderazgo, claridad y cohesión. Cuando esos elementos todavía están en discusión dentro del propio partido, el llamado a unir a toda la oposición termina dejando una sensación inevitable: el chiste, en realidad, se cuenta solo.