Ni triunfo ni derrota
Que los festejos patrios hayan transcurrido en los 20 municipios de Sinaloa, incluidos Culiacán, Mazatlán y Escuinapa, sin hechos violentos que los empañaran, debe reconocerse como una buena noticia. El Gobierno pasó una prueba de fuego en un escenario donde cualquier incidente habría tenido un enorme costo social y político. Pero tampoco es para echar las campanas al vuelo. Y sería igualmente equivocado que desde la oposición se pretenda medir el respaldo social comparando la asistencia a los festejos patrios con la marcha por la paz del domingo pasado. Son expresiones distintas y perfectamente legítimas: unos salieron a protestar y reclamar por la violencia; otros salieron a celebrar una fecha nacional y recuperar, aunque fuera por unas horas, un espacio de convivencia que durante dos años ha estado condicionado por el miedo. Hizo bien la gobernadora Graciela Domínguez en dejar claro que celebrar el Grito no significa olvidar el dolor de quienes han perdido a un familiar, de quienes buscan a un desaparecido o de quienes han sido víctimas de esta violencia. Y también debe reconocerse el trabajo de las fuerzas armadas y corporaciones de seguridad para que el saldo de estas fiestas fuera blanco. Qué bueno que así fue. Pero que una noche de fiesta haya transcurrido en paz no significa que la guerra haya terminado. Significa, simplemente, que por una noche Sinaloa pudo respirar.
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Visita con respuestas
La visita de Claudia Sheinbaum a Culiacán este domingo romperá un ayuno de casi siete meses desde aquella visita del 28 de febrero, cuando vino a poner en marcha la construcción del nuevo Hospital Regional de Especialidades del IMSS. Ahora regresará al Parque 87 para presentar ante los sinaloenses los resultados de su Segundo Informe de Gobierno. Pero esta vez el contexto es muy distinto. Sinaloa llega a la visita presidencial después de dos años de una crisis de violencia que ha golpeado a Culiacán y a buena parte del estado, y por eso la expectativa ciudadana va mucho más allá de escuchar un discurso y recibir un nuevo catálogo de obras y programas. Lo que muchos sinaloenses esperan es saber qué sigue para Sinaloa en materia de seguridad, qué más hará el Gobierno federal y qué respuesta concreta habrá para una crisis que no termina de ceder. La propia Presidencia informó desde principios de septiembre que aprovecharía su visita para dialogar con la gobernadora Graciela Domínguez, mientras que el gabinete de seguridad federal también tiene prevista su presencia en la entidad. Y ahí podría estar lo verdaderamente importante de una visita que, públicamente, será de pisa y corre. Graciela Domínguez tiene pendiente presentar su plan de seguridad y gobernabilidad. Si existe una reunión privada entre ambas, sería deseable que sobre la mesa no sólo estén los buenos deseos, sino decisiones, compromisos y acciones. Porque Sinaloa ya ha escuchado suficientes discursos. Esta vez, más que aplausos, la gente espera noticias. Y, sobre todo, resultados.
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Invitados… pero no tanto
Empezamos diciendo que hay desprecios que se agradecen, porque hay invitaciones que parecen más una cortesía institucional que un permiso para hacer periodismo. Eso es justamente lo que comienza a generar malestar entre reporteros convocados por la Novena Zona Militar a sus eventos en Culiacán: los invitan, pero una vez dentro pareciera que también pretenden decirles qué pueden fotografiar, a quién pueden entrevistar y hasta dónde pueden acercarse. El domingo pasado quedó bastante claro. Un reportero intentó conversar con un funcionario del gobierno civil y, de inmediato, un militar se interpuso para apartarlo. El reclamo del periodista fue tan simple como contundente: “Para esto nos invitan”. La respuesta tampoco dejó mucho espacio para la interpretación: “Ya no los vamos a invitar”. Vaya manera de entender la relación con la prensa al hacer una invitación selectiva, un acceso controlado y, si alguien se sale del guion, amenazarlo de excluirlo. El problema es que los periodistas no son parte del protocolo militar ni están para decorar la fotografía oficial. Si el Ejército decide abrir sus puertas a los medios, tendrá que entender que detrás de una cámara hay un periodista y detrás de una pregunta existe el derecho —y la obligación— de hacerla. Porque invitar a la prensa para después intentar blindarse de sus preguntas no es comunicación, es control del poder con uniforme.
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Una fiesta política
Cada quien puede festejar su cumpleaños como quiera. Faltaba más. Pero cuando se es figura pública y, además, se anda construyendo un proyecto político, hasta la fiesta de cumpleaños puede terminar teniendo lectura política. Viene esto a cuento por el video que difundió el diputado Juan Carlos Patrón sobre el festejo de Teresa Guerra Ochoa, donde se observa un montaje de Grito de Independencia que, por decir lo menos, resulta peculiar. El asunto no es que Tere Guerra haya querido celebrar con entusiasmo ni que alguien le haya organizado la ocurrencia. El asunto es que la política también se construye con símbolos, con imagen y con sentido de oportunidad. Y cuando se pretende encabezar un proyecto de Morena, cada aparición pública suma… o resta. Tere Guerra ya ha dicho que analiza su futuro político y no ha descartado buscar la Alcaldía de Culiacán. Por eso resulta cuando menos curioso que, mientras algunos ya la colocan en la carrera por la candidatura, ella misma se preste —o permita— escenas que pueden alimentar más la chacota que la seriedad. Y vaya que la contienda morenista por Culiacán no estará precisamente falta de competidores. Porque una cosa es celebrar el cumpleaños y otra muy distinta es regalarle municiones a quienes están esperando cualquier descuido para convertir una aspiración política en motivo de chiste. En política, hasta las velitas del pastel pueden terminar quemando.