Sanguijuelas del poder
Una relación interna que nos filtraron desde el Comité Ejecutivo Nacional de Morena exhibe el tamaño de la ambición: 18 personas aparecen en las listas de coordinaciones distritales federales y también en las municipales. Les llaman organización, pero la jugada huele a precampaña y a cálculo: apuntarse para todo, por si una puerta no abre, probar con la otra. No es renovación; es el mismo reparto con otro nombre. En Culiacán destacan Merary Villegas, con cuatro periodos legislativos —uno local y tres federales—, y Serapio Vargas, diputado local en dos legislaturas consecutivas. Ambos buscan espacio en la ruta federal y en la municipal. ¿Cuántas veces se puede volver a pedir turno antes de que alguien pregunte por qué los mismos no sueltan el escenario? Que las reglas permitan a legisladores participar sin dejar el cargo no borra el fondo. La ciudadanía los eligió para cumplir una responsabilidad, no para convertir cada puesto en trampolín al siguiente. Y si una misma persona aparece en más de una ruta, la explicación de que solo busca organizar al movimiento ya no alcanza. A esto le llaman transformación; a muchos sinaloenses les parecerá el cochinero de siempre: los mismos nombres, la misma hambre de poder y una nueva etiqueta para seguir en la jugada.
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Violencia en voz baja
La salida de Yeraldine Bonilla de la Secretaría General de Gobierno pudo presentarse como una renuncia, pero los mensajes que publicó después dejan una pregunta que no puede archivarse con un simple relevo. Habla de violencia política contra las mujeres y describe prácticas concretas: excluir de reuniones, minimizar el trabajo y dejar de compartir información. No son señalamientos menores. Sus publicaciones no detallan responsables ni explican cada episodio, y eso obliga a escucharla y esclarecer los hechos, no a dar por probada una versión ni a descalificarla. Cuando una mujer que acaba de dejar un cargo de primer nivel habla de violencia, el Gobierno y su partido tienen la responsabilidad de responder con seriedad y transparencia. También hay que decirlo con claridad: ninguna mujer debería utilizar el poder para cerrar el paso, silenciar o desgastar a otra. Las diferencias políticas no justifican la exclusión ni el hostigamiento. Si hubo violencia, debe investigarse; si no la hubo, también corresponde aclararlo. La igualdad no se defiende en discursos mientras, en los espacios de decisión, se repiten prácticas que apartan a las mujeres. La acusación merece atención, una revisión puntual y garantías para que ninguna tenga que callar por miedo a perder su lugar.
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Espaldarazo a Ana Miriam
En medio de la controversia sobre la vigencia de la licencia de Juan de Dios Gámez Mendívil, que desde el Ayuntamiento ya se aclaró que continúa activa, la gobernadora Graciela Domínguez Nava aprovechó la inauguración de la planta potabilizadora de Las Cucas para enviar un mensaje que no pasó inadvertido: un espaldarazo político y público a la presidenta municipal provisional, Ana Miriam Ramos Villarreal. No solamente refrendó el respaldo del Gobierno estatal a la administración municipal, sino que destacó la coordinación y el trabajo en equipo que, dijo, mantiene con la alcaldesa. «Siempre con nuestro apoyo, Ana Miriam», expresó la gobernadora, a quien además se le escuchó calificarla como una presidenta municipal disciplinada, atenta y comprometida con los asuntos de seguridad y los servicios públicos. Un reconocimiento que cobra especial significado en el actual escenario político del Ayuntamiento de Culiacán. Por lo pronto, Graciela Domínguez dejó claro públicamente que Ana Miriam cuenta con su respaldo y que la coordinación entre ambos gobiernos seguirá adelante. En política, los mensajes también cuentan, y este tuvo destinataria y momento muy precisos.
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El pastel de la alianza
En el PAN no quitan el dedo del renglón y parecen dispuestos a tensar la cuerda, incluso al grado de poner en riesgo una eventual alianza con el PRI, antes que permitir que los priistas se queden con las mejores tajadas del pastel electoral de 2027. La dirigente estatal del blanquiazul, Wendy Barajas Cortés, respaldó la postura de la diputada Roxana Rubio Valdez y puso sobre la mesa una condición que tiene mucho de reparto anticipado: si el PRI pretende siglar la candidatura a la Gubernatura, por sentido común —dijo—, al PAN le correspondería encabezar la candidatura por la Alcaldía de Culiacán. El argumento no es menor: los números de 2024 muestran una competencia bastante pareja entre ambos partidos, con apenas tres mil votos de diferencia en la votación estatal que reportó la propia dirigente. Y en la capital, aunque el PRI obtuvo alrededor de 52 mil sufragios frente a los 46 mil del PAN, los panistas consideran que tienen argumentos suficientes para reclamar esa posición. Incluso ya pusieron nombres sobre la mesa: Roxana Rubio, Jorge González, Jesús Estrada Ferreiro y Sadol Osorio. El problema es que, mientras ambos partidos hablan de unidad para enfrentar a Morena, también empiezan a medir fuerzas para ver quién se lleva qué. Y ahí está el verdadero desafío de una alianza que todavía no termina de construirse. Parece que los priistas locales por glotones se quedarán queriendo.