Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Martes 27
Por:
Redacción el
27 de enero de 2026
Lealtades a prueba
Las señales ya estaban dadas y esta semana comenzaron a materializarse. El gobernador fue claro en la semanera: quien participe en campañas adelantadas no tiene cabida en la administración. Y los primeros movimientos en el sur del estado confirman que no era un aviso retórico. La salida del delegado de Vialidad y Transportes y de la delegada del Registro Público de la Propiedad en Mazatlán no son casualidad: son mensaje. En política, cuando se cruza la línea entre función pública y operación electoral, se pagan costos. Y estos apenas parecen ser los primeros. Porque el problema no es sólo la anticipación, sino la deslealtad. Usar el cargo, el nombre del gobierno y los recursos institucionales para jugar en otro tablero es traición al proyecto que les dio espacio. El caso de Edgar González es ilustrativo. Juró lealtad, se le concedió una alcaldía como premio político y se le dio oxígeno para seguir vigente. Renunció, tomó el hueso y siguió mordiendo. Hoy aparece sin pudor al lado de la senadora Imelda Castro, Sí, con “Los Imeldos”, en una ruta que huele más a ambición personal que a construcción colectiva. Adelantados que nadie ve en campaña formal, pero que ya se mueven como si el proceso estuviera encima. Aquí no hay ingenuidad posible. Cuando alguien presume amor al gobernador y opera por otro frente, no es estrategia: es puñalada por la espalda. Y la historia reciente demuestra que estos perfiles no suman, desgastan. Dividen hoy y traicionan mañana. El mensaje desde Palacio es claro: disciplina, lealtad y tiempos. Quien no lo entienda, tendrá que dejar el cargo. Y quien crea que puede jugar a dos bandas, tarde o temprano se queda sin ninguna.
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Otro error del Congreso
La Suprema Corte no sólo tumbó una norma: exhibió una mala decisión legislativa. La invalidación del delito de “halconeo” en Sinaloa es un revés directo para el Congreso local, que por querer legislar con prisa y discurso punitivo terminó poniendo en riesgo libertades fundamentales. La redacción era tan amplia y ambigua que convertía en potencial delincuente a cualquier ciudadano o periodista que hiciera lo que en una democracia es básico: obtener información. La Corte fue clara: no se puede combatir al crimen criminalizando la búsqueda de información ni inhibiendo el ejercicio periodístico. Cuando una ley no distingue entre halcones y reporteros, entre delincuencia organizada e interés público, el problema no es la interpretación, es la técnica legislativa. Y ahí fallaron los diputados, sobre todo la JUCOPO. El mensaje es incómodo pero necesario: legislar sin claridad abre la puerta a la arbitrariedad y erosiona derechos. En nombre de la seguridad no se puede castigar la información, ni mucho menos convertir la labor periodística en sospechosa. La libertad de expresión no es un estorbo del Estado; es uno de sus contrapesos esenciales. Este fallo deja una lección política: el Congreso no puede legislar desde el miedo ni desde la ocurrencia. Porque cuando el derecho penal se usa mal, no fortalece al Estado; lo debilita.
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Educación sin defensa
Algo no está bien en la Secretaría de Educación cuando los problemas se acumulan y la respuesta es el silencio, la evasiva o el trámite administrativo. Ayer, estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Occidente alzaron la voz porque, sin previo aviso ni diálogo, se les pretende cambiar de turno para resolver conveniencias internas de algunos docentes. Hoy, el tema es aún más grave: un caso de violencia escolar en Guamúchil que sigue sin atención clara ni responsables. En ambos casos el patrón es el mismo: decisiones tomadas desde el escritorio, sin sensibilidad y sin defensa real del estudiante. En la UAdeO se pone en riesgo la permanencia de jóvenes que trabajan y están por concluir su carrera; en la ETI 87 se minimiza una agresión brutal contra un menor con espectro autista. En uno se vulnera el derecho a estudiar; en el otro, el derecho elemental a la integridad. La pregunta es inevitable: ¿dónde está la Secretaría de Educación? Porque lo que no se atiende se agrava, y lo que se encubre termina explotando. No basta con declaraciones optimistas ni con informes internos que no coinciden con la realidad. Que se investigue a fondo el caso de Guamúchil, que se deslinden responsabilidades y que se proteja a la víctima, no al sistema. Y que en la UAdeO se defienda a los estudiantes, no los intereses administrativos. La educación no se gestiona con excusas ni con simulación. Se defiende con presencia, con decisiones justas y con voluntad de corregir. Todo lo demás es abandono.
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Aplausos de utilería
En política hay escenas que no requieren investigación profunda: lo que se ve, no se pregunta. La comparecencia del secretario de Bienestar dejó una postal difícil de justificar. Desde las dos de la tarde comenzaron a llegar camiones y más camiones con gente trasladada al recinto, horas antes de que iniciara el acto. No llegaron por interés legislativo ni por seguimiento institucional; llegaron porque los acarrearon. Las propias personas lo decían sin rodeos: los invitaron, los subieron a camiones de ruta rentados y les prometieron “algo” al regreso. Colonias populares, desplazados de Tepuche, grupos completos esperando afuera del salón Constituyentes porque ya no cabían dentro. Dos horas antes, y dos horas después. La logística del acarreo fue más puntual que la comparecencia misma. La escena no fue de rendición de cuentas, sino de escenografía política. Aplaudidores para verse bien, multitud para la foto, ruido para ocultar las preguntas incómodas. Cuando una comparecencia necesita porras, deja de ser institucional y se vuelve mitin. Y entonces surge la duda legítima: ¿desde cuándo el ejercicio de transparencia se arma como acto de campaña? Porque mover gente, rentar camiones y montar público no es comunicación pública; es simulación. Y cuando el aplauso es inducido, el mensaje pierde credibilidad. La burla se cuenta sola. Pero el costo político también. Porque si así se construye la imagen, alguien claramente ya anda más en la ruta electoral que en la rendición de cuentas.
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