Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Martes 3
Por:
Redacción el
2 de marzo de 2026
Cuentas claras en Sinaloa
En tiempos donde la desconfianza suele ser la regla y la sospecha el punto de partida, un dato cambia la narrativa: cero observaciones. La Auditoría Superior de la Federación colocó a Sinaloa entre los estados con mejor manejo del gasto público en la Cuenta Pública 2024. Diecinueve auditorías practicadas a un universo superior a los 57 mil millones de pesos y el resultado fue claro: sin montos por aclarar. No es un trámite menor. La fiscalización federal no es un ejercicio simbólico; es el filtro técnico más riguroso en materia de control presupuestal. Y que el gobierno encabezado por Rubén Rocha Moya aparezca junto a entidades como Querétaro, Zacatecas y Quintana Roo con cuentas ordenadas, manda un mensaje político potente. En una etapa donde la discusión pública suele centrarse en percepciones, el dato duro adquiere peso propio. Manejo responsable, disciplina financiera y seguimiento puntual durante las tres etapas de revisión. No hubo observaciones que coloquen al estado en entredicho. Por supuesto, la fiscalización no es medalla permanente; es fotografía del momento. El reto ahora es sostener el estándar para la Cuenta Pública 2025. Porque la transparencia no se presume una vez: se acredita cada año. En política, el manejo del dinero público siempre termina siendo argumento. Esta vez, al menos en el papel técnico, el gobierno de Sinaloa sale con cuentas claras.
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Más aulas, más futuro
Hay datos que no necesitan interpretación política: más de 30 mil jóvenes solicitaron ficha para ingresar a la Universidad Autónoma de Sinaloa en el arranque del proceso 2025-2026. Solo el área de la Salud concentró 10 mil 500 solicitudes en cuestión de horas. En apenas tres minutos, 6 mil 500 fichas fueron gestionadas en la plataforma. No es menor. Medicina en Culiacán rozó las 3 mil solicitudes; Mazatlán, Los Mochis y Guasave también registraron cifras altas. El mensaje es claro: la juventud sinaloense quiere estudiar, quiere profesionalizarse y, sobre todo, quiere hacerlo en áreas que hoy representan vocación social y estabilidad laboral. Pero no es solo la UAS. En la Universidad Autónoma de Occidente, más de 2 mil 300 jóvenes se registraron en la primera semana de preinscripciones. Con un elemento adicional que vale subrayar: cupo garantizado y ampliación en modalidad semiescolarizada. Software, Nutrición, Gastronomía y Enfermería siguen encabezando la demanda. Lo que estamos viendo no es una simple estadística de inicio de ciclo. Es una radiografía generacional. Las nuevas generaciones están apostando por carreras vinculadas a la salud, la tecnología y la empleabilidad inmediata. Están leyendo el contexto. En medio de debates políticos, disputas internas y cálculos rumbo al 2027, hay una realidad que debería unir a todos: Sinaloa tiene una juventud que quiere estudiar. La pregunta no es cuántas fichas se entregan; la pregunta de fondo es si el estado está preparado para absorber, formar y después ofrecer oportunidades reales a esa generación que hoy hace fila digital desde las ocho de la mañana. Porque cuando 30 mil jóvenes levantan la mano al mismo tiempo, no es trámite administrativo. Es futuro. Apoyemos nuestra máxima casa de estudios.
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Orden financiero en la UAS
Si miles de jóvenes están tocando la puerta de la Universidad Autónoma de Sinaloa, lo mínimo que se espera es una institución sólida, estable y con rumbo financiero claro. En ese contexto, el convenio firmado por el rector Jesús Madueña Molina con el Infonavit (instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los trabajadores) no es un simple trámite administrativo. Es una señal de regularización y responsabilidad. La UAS se puso al corriente. Pagó al SAT, cubrió compromisos con el Seguro Social y ahora regulariza adeudos con INFONAVIT bajo un esquema formal, con reducción de multas y un calendario claro de pagos. No se trata de negar que hubo tensiones financieras; se trata de reconocer que se están resolviendo mediante convenios institucionales y sin comprometer salarios. Cuando una universidad pública ordena sus cuentas, protege dos cosas: los derechos laborales de sus trabajadores y la viabilidad académica de sus estudiantes. En tiempos donde las universidades públicas suelen ser cuestionadas desde lo político, avanzar hacia la estabilidad financiera fortalece su autonomía y credibilidad. Porque si 30 mil jóvenes levantaron la mano para estudiar, la institución debe estar lista no solo en aulas y planes académicos, sino también en certidumbre jurídica y financiera. La educación pública se defiende con discurso, sí. Pero se consolida con orden. Bien por el rector Jesús Madueña, y sobre todo bien por el futuro de la universidad.
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8M: una agenda permanente
El 8 de marzo no es un acto protocolario ni una efeméride para la fotografía. Es memoria, es exigencia y es compromiso institucional. En Sinaloa, la Secretaria de las Mujeres ha decidido que el Día Internacional de las Mujeres se convierta en un mes completo de actividades con sentido social, cultural y formativo. La presentación de una agenda con 25 actividades a lo largo de marzo no es menor. Habla de una política pública que entiende que la igualdad sustantiva no se decreta: se construye. Conversatorios, deporte, cultura, reconocimientos laborales y espacios de reflexión son piezas de una estrategia que busca algo más profundo que un mensaje: busca participación activa. Destaca que el 8 de marzo se realice una Clase Nacional de Defensa Personal, pero también que se promueva el empoderamiento desde el deporte, la música y el arte. El conversatorio sobre visibilidad trans y el mural en honor a Margarita Maza amplían la conversación hacia derechos, memoria histórica e inclusión. No es solo agenda; es narrativa de igualdad. En un contexto donde la violencia de género y la desigualdad siguen siendo desafíos estructurales, resulta relevante que se insista en un mensaje claro: las mujeres no están solas. La atención permanente y el acompañamiento institucional deben ser el eje central de cualquier política pública en la materia. El 8M no es confrontación; es conciencia. No es división; es justicia. Y si marzo se convierte en un mes de reflexión y acción, entonces el mensaje es claro: los derechos de las mujeres no se conmemoran un día, se defienden todos los días.
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