Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Martes 31
Por:
Redacción el
30 de marzo de 2026
Culiacán se prepara
Más de mil elementos desplegados, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y una cobertura que abarca desde centros recreativos hasta carreteras y sindicaturas con alta afluencia. El Operativo de Semana Santa en Culiacán arranca con estructura, planeación y presencia territorial. No es menor. Es la respuesta a un periodo que cada año pone a prueba la capacidad institucional. Aquí hay un dato clave: no se está improvisando. Hay puntos definidos, zonas identificadas, restricciones claras y servicios activos para atender cualquier eventualidad. Desde la vigilancia en espacios familiares hasta los auxilios viales, el mensaje es directo: la autoridad está en campo y está anticipando escenarios. También hay que decirlo: este tipo de despliegues no solo buscan reaccionar, buscan prevenir. Y en ese sentido, el municipio está apostando a reducir riesgos antes de que se conviertan en problema. Esa es la diferencia entre un operativo de rutina y uno bien planteado. Culiacán, además, no solo se prepara para cuidar, se prepara para recibir. Se espera una alta movilidad, miles de personas en espacios públicos y un flujo constante en zonas clave. Y frente a eso, la ciudad está respondiendo con orden, presencia y coordinación. El reto, como siempre, no está únicamente del lado institucional. Pero hoy, al menos desde el gobierno, hay señales claras de que se está haciendo la parte que corresponde. Y en una temporada donde cualquier descuido pesa, eso también cuenta.
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Responsabilidad delimitada
En Guasave, al parecer, la lógica es clara: si el accidente ocurre fuera del perímetro del operativo… no cuenta. O al menos, eso es lo que deja ver una declaración que, más que técnica, resulta profundamente desafortunada. Porque sí, es cierto que no se puede tener presencia en cada punto del municipio. Eso es obvio. Pero reducir una tragedia al argumento de que “no estaba dentro del operativo” no solo suena frío, suena evasivo. Como si el problema no fuera la pérdida humana, sino la ubicación en el mapa. Bajo esa lógica —y aquí el sarcasmo obligado— más vale que cualquier percance, urgencia o accidente ocurra dentro de las zonas marcadas por la autoridad. Porque fuera de ahí, además de no haber cobertura, parecería que tampoco hay responsabilidad. Y eso, en términos de comunicación pública, es un error. El operativo está diseñado para atender puntos de alta afluencia, correcto. Pero la autoridad no puede deslindarse discursivamente de lo que ocurre fuera de esos polígonos. No cuando se trata de vidas. Se entiende el planteamiento técnico. Lo que no se justifica es la forma. Porque en estos casos, más que delimitar responsabilidades, lo que se espera es sensibilidad. Y en Guasave, una vez más, el problema no es lo que se quiso decir… es cómo se dijo.
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Esperanza bajo tierra
Más de 100 horas después, el primer minero salió con vida. No es un dato menor. Es, en sí mismo, un logro que devuelve el aliento en medio de una operación compleja, de alto riesgo y contra el tiempo. Ahí, donde la oscuridad, el encierro y la incertidumbre pesan, cada minuto cuenta… y cada avance vale. El rescate de uno de los cuatro trabajadores atrapados marca un punto de inflexión. No resuelve la tragedia, pero sí abre la puerta a la esperanza. A confirmar que los esfuerzos están dando resultado y que, incluso en condiciones adversas, la coordinación puede imponerse. Porque aquí hay algo que reconocer: cuando las fuerzas del estado y federales se alinean —Protección Civil, Ejército, Marina, brigadas especializadas— la capacidad de respuesta se potencia. No es discurso, es operación. Es presencia en campo, es técnica, es insistencia. Y hoy, ese trabajo ya tiene un resultado visible. Faltan tres. Y esa es la prioridad. Pero lo ocurrido cambia el ánimo. Ya no se habla solo de búsqueda, se habla de rescate posible. De que ese calvario puede tener un desenlace distinto. Sinaloa hoy no solo está atento… está esperando. Y ojalá, en las próximas horas, la historia no sea de uno. Sea de cuatro.
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Tiempo de pausa
Llega el periodo de asueto y con él, el movimiento, las salidas, la convivencia y también los riesgos. No es un llamado menor. En estos días, la diferencia entre disfrutar o lamentar suele estar en decisiones simples: manejar con precaución, respetar límites, evitar excesos y, sobre todo, entender que ningún destino vale más que regresar con bien. Hoy hay operativos, vigilancia y presencia institucional. Pero como ya se ha dicho, eso no sustituye la responsabilidad individual. Cada carretera, cada balneario y cada punto de reunión implica una decisión personal. Y ahí es donde realmente se define el saldo. Son días para bajar el ritmo, para compartir, para desconectarse un poco. Pero también para hacerlo con criterio. Porque el descanso no está peleado con la prudencia. Desde este espacio, en Sin Ambages, también haremos lo propio. Pausamos unos días, tomamos aire y nos reencontramos pronto. Felices vacaciones. Y que todos regresen bien.
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