Lo que ya no llega
La semana pasada preguntamos: ¿y el Whiskas? La pregunta surgió después de que, según la información y el documento recibidos por esta redacción, 22 de 24 legisladores votaran por no asistir a una reunión convocada por la gobernadora Graciela Domínguez Nava. Entonces, el coordinador de Morena dijo que no hubo desaire, sino un asunto de agenda y un viaje a Ciudad de México. Pero la distancia entre los poderes no se mide solo por quién se sienta a una mesa: también por quién logra comunicarse y quién recibe respuesta. Este martes, Rodolfo Valenzuela puso en público lo que, dijo, sienten varios de sus compañeros: que no hay comunicación con el Gobierno del Estado. Afirmó que las nuevas formas “no están cayendo bien” y ubicó el distanciamiento desde la llegada del nuevo gobierno. Ya no es solo la lectura de una ausencia, que aqui comentamos; es un diputado hablando por varios compañeros y describiendo un malestar que hasta ahora se escuchaba en privado. Valenzuela puso un asunto concreto sobre la mesa: las obras financiadas con el crédito aprobado por el Congreso (aunque el problema va, más allá). Los legisladores piden saber en qué etapa están y cuándo se entregarán. Si el Congreso autorizó esos recursos, exigir información sobre su destino no es un gesto de cortesía: es su responsabilidad. Eligio López insistió en que no ve una ruptura y que cualquier diferencia puede hablarse. Pero después de la negativa a reunirse y del reclamo público de Valenzuela, decir que no pasa nada ya no alcanza. Si un diputado habla en nombre de varios, la pregunta inevitable es ¿cuántos más comparten ese malestar y qué esperan que cambie.? El Whiskas volvió a la conversación, aunque nadie necesite nombrar lo que dejó de llegar. No prueba que hubiera sobres ni pagos; sí deja flotando la pregunta sobre los beneficios, los espacios y las reglas no escritas que pudieron cambiar con el nuevo gobierno. Hoy, por primera vez, un diputado puso esa inconformidad en voz alta. La bronca ya salió del pasillo. Ahora el Ejecutivo debe explicar por qué se cerraron los canales de comunicación y qué pasa con las obras; el Congreso, exigir respuestas y dar seguimiento. Si algo cambió en la relación entre los poderes, ya no basta con negarlo: toca decir qué cambió y quién decidió que dejara de llegar.
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El gobernador sin banda
Feliciano Castro no ocupa la titularidad del Ejecutivo, pero cada vez habla más como quien quiere marcar el rumbo del Gobierno y de Morena en Sinaloa. En entrevista con José Rodríguez no se limitó a pronosticar el triunfo de su partido en 2027: explicó qué debe tomar en cuenta Morena para elegir candidaturas, advirtió que no bastan las encuestas y puso sobre la mesa el perfil, la historia política, la ética y la inclusión. No suena a una opinión al margen; suena a alguien que quiere influir en las reglas del juego. La escena tiene una vuelta adicional: mientras fija criterios para las candidaturas, Feliciano también analiza registrarse para buscar una diputación local. Es decir, puede ser jugador y, al mismo tiempo, presentarse como árbitro. Rechazó la propuesta de buscar la alcaldía de Guasave, pero dejó abierta otra ruta electoral. Su entrevista, entonces, también fue una toma de posición dentro de Morena. Sus palabras llegan después de los cambios en el gabinete estatal y de las señales de que su grupo gana espacio en áreas clave. Por eso la pregunta ya no es únicamente qué cargo podría buscar. La pregunta es cuánto poder tiene para influir en las decisiones de la gobernadora, en la conducción del partido y en la selección de quienes competirán en 2027. Feliciano dice que Morena puede perder por sus propios errores y que no debe confiarse en las encuestas (acaso suena a mensaje para la coordinadora en Sinaloa, Imelda Castro). Tiene razón en que una candidatura requiere más que popularidad. Pero si él aspira a participar y además pretende orientar el proceso, tendrá que explicar desde dónde habla: ¿como militante, como aspirante o como el hombre que busca conducir la sucesión desde fuera de Palacio? La banda de gobernador tiene nombre y titular. El poder, sin embargo, también se reconoce por quién fija la agenda, mueve las piezas y pretende poner las reglas. En Sinaloa, cada vez más señales apuntan a que Feliciano quiere o ya ocupa ese lugar. Le invitamos a escuchar esa entrevista en Luz Noticias, y sacar su propia conclusión.
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La quitan…y la reinstalan
Con la brújula perdida y sin una narrativa que aguante el oleaje, la comunicación del Gobierno de Sinaloa navega entre rumores, rectificaciones y decisiones que duran menos que un chubasco. La nueva etapa de la administración parece haber encontrado en el huracán Simón a un competidor para medir su rumbo errático. El episodio de Margarita Villaescusa lo retrata de cuerpo entero. Este lunes corrió la versión de que habían solicitado la renuncia a la directora del Registro Civil. Según fuentes enteradas, Marco Antonio Zazueta, subsecretario de Normatividad, apenas había llegado a su oficina después de comunicarle su salida cuando recibió la instrucción de reinstalarla. Alguien movió las piezas sin tener todas las autorizaciones y terminó dando marcha atrás. El costo: un espectáculo de improvisación que difícilmente se corrige fingiendo que aquí no pasó nada. Este martes, Villaescusa volvió a su despacho y la burocracia siguió como si nada. Pero el ruido no termina ahí: otros relevos en la Secretaría General de Gobierno, Comunicación Social, Administración y Finanzas estarían a la espera del visto bueno correspondiente. El problema no es solamente quién entra o quién sale, sino quién decide, quién autoriza y quién termina desautorizando. Cuando el Gobierno comunica a golpe de rumor y corrige sobre la marcha, la especulación ocupa el espacio que debería llenar la información oficial. Y en esta administración, por lo visto, hasta para cambiar funcionarios hace falta encontrar primero la brújula del poder.
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Marito y la unidad por fotografía
En la oposición sinaloense sigue la pasarela rumbo a 2027 y Mario Zamora, Marito para los cuates, quiere ponerse al frente de la procesión. El diputado federal priista hizo circular este martes una fotografía con Wendy Barajas, dirigente del PAN; Robespierre Lizárraga, del Partido Sinaloense, y Héctor Cuen Díaz, hijo del fundador del PAS. La imagen pretende proyectar unidad, aunque entre posar juntos y construir una alternativa competitiva hay un trecho bastante más largo que una publicación en redes. La oposición ha perdido demasiado tiempo entre declaraciones estridentes, protagonismos y apariciones mediáticas que producen titulares, pero no necesariamente organización. El problema es que Marito también parece confundir una mesa de dirigentes con el liderazgo capaz de aglutinar el descontento social. Si existe hartazgo con la 4T, eso no convierte automáticamente al priista de Los Mochis en su beneficiario ni en el candidato que pueda capitalizarlo. Y todavía tiene otro frente: Alejandro Moreno, Alito, no parece tenerlo entre sus consentidos. Zamora lo sabe bien y, en política, las fotografías pueden servir para mandar mensajes, pero no sustituyen los acuerdos ni garantizan candidaturas. Por ahora, Marito busca encabezar la unidad opositora; falta saber si los demás quieren sumarse a su proyecto o simplemente aprovechar la foto. Porque una cosa es reunir a los dirigentes y otra muy distinta conseguir que la oposición marche detrás de uno.