SSPE: ¿prevención o reposteó?
Salvo el trabajo operativo del GOES, que sí ha dado resultados y merece reconocerse, la Secretaría de Seguridad Pública Estatal parece haberse resignado a ser la oficina local de difusión de la SSPC federal. Llega un boletín de Harfuch: se copia. Sale un tuit: se repostea. Hay una captura federal: se celebra como logro ajeno. Mucha publicación, mucho comunicado, mucha fotografía; pero poca claridad sobre qué hace realmente la SSPE para evitar que el delito ocurra. Porque su función no es llegar después a acordonar, levantar el reporte y posar frente a las cámaras. Tampoco es administrar una cuenta de redes sociales ni convertir cada acción de la Federación en contenido propio. Su obligación es generar inteligencia estatal, patrullar, identificar zonas de riesgo, anticipar ataques, coordinar una estrategia y prevenir. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué está haciendo la SSPE en prevención? ¿Dónde están sus objetivos detenidos por investigaciones propias, los delitos evitados, los mapas de riesgo, los operativos que nacieron desde Sinaloa y no desde una orden federal? Porque la seguridad no se mide por cuántos llegan después de los balazos, sino por cuántos balazos se evitaron antes. No se necesita otra cuenta que replique comunicados federales, ni una oficina de esta que mande o suba fotos “por error”. Se necesita una Secretaría que haga su trabajo en Sinaloa; que informe con seriedad, que tenga estrategia propia y que, por lo menos, sea capaz de comunicarle a todos los sinaloenses, no sólo a un medio, qué está haciendo para cuidarnos a todos. O el error está en quien y que NO comunica?
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Congreso en familia
En el Congreso de Sinaloa no basta con ganar una curul; al parecer, también conviene traer consigo la agenda de contactos. La nómina de honorarios muestra padres, hijos, hermanos, parejas y suplentes cobrando como asesores o auxiliares, con salarios que llegan hasta los 41 mil pesos mensuales. No se trata de criminalizar un parentesco ni de negar que una persona pueda tener capacidad para trabajar. Pero cuando los vínculos familiares y políticos se repiten en una institución sostenida con dinero público, la obligación no es pedir confianza ciega: es explicar funciones, perfiles, resultados y las razones de cada contratación. Más aún cuando hay suplentes que cobran como asesores de la misma diputada o diputado a quien podrían reemplazar, o cuando oficinas legislativas mantienen personal de honorarios pese a la ausencia prolongada de su titular. ¿Quién supervisa? ¿Qué labores realizan? ¿Dónde están los informes de resultados? El Congreso tendría que ser ejemplo de transparencia, no una bolsa de trabajo para familias, grupos y compromisos políticos. Porque el dinero público no puede convertirse en herencia, ni la representación popular en una oficina de colocaciones. La transformación prometió desterrar estas prácticas; en el Congreso de Sinaloa, por ahora, parece haber transformado únicamente el nombre de quien firma la nómina.
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El suplente correlón
Al suplente de Sergio Torres Félix se le apareció un reportero con una pregunta incómoda y, por lo visto, le ganó el instinto de conservación, corrió, salió despavorido. No pidió tiempo para revisar los documentos, no ofreció una postura, no dijo siquiera “luego hablamos”. Simplemente corrió por la puerta de atrás del Salón Constituyentes, como si la libreta y la grabadora trajeran rabia. Y eso que nadie iba a quitarle el sueldo. La pregunta era sencilla: ¿cómo explica que siga en nómina como asesor y suplente mientras la oficina legislativa de Sergio Torres mantiene personal cobrando desde el atentado, sin que el diputado haya regresado a sus actividades presenciales? Pero parece que para cobrar sí hay presencia; para responder, piernas para que las quiero. Siete meses de nómina dan para muchas cosas, menos para detenerse unos segundos y dar la cara. La diputación suplente debería estar lista para asumir una responsabilidad pública, no para ensayar la salida de emergencia. Porque si a la primera pregunta se corre, imagínese cuando toque trabajar.
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’Marito’ como Aleks Syntek
Qué vueltas da la vida —y qué curvas tan cerradas da la política—. En 2021, Mario Zamora veía a Gerardo Vargas Landeros como parte de aquello que había que sacar del gobierno; incluso cuestionaba a Rubén Rocha por levantarle la mano al entonces candidato de Morena en Ahome y hablaba de revisar las cuentas pendientes del malovismo presumiendo: “aquí hay congruencia”. Cinco años después, resulta que ya no hay inconveniente alguno y hasta tuvieron oportunidad de coincidir en la misma fila de un avión, compartir dos horas de vuelo, conversación y, faltaba más, grilla. ¡Qué bonito es viajar en primera clase de la política, donde las diferencias ideológicas también caben perfectamente en el compartimento superior! ¿Dónde dejó la congruencia? Lo que antes era “desterrar” ahora puede convertirse en equipo; lo que ayer era cuestionable, hoy parece perfectamente negociable. Y uno que ingenuamente pensaba que las alianzas se construían con principios. No, hombre: se construyen con asientos disponibles. De cara al 2027, parece que algunos ya descubrieron que en política no hay enemigos eternos, sólo adversarios que todavía no han encontrado el vuelo adecuado para sentarse juntos. Y hoy ‘Marito’ ya se parece al cantante Aleks Syntek por aquello de sus desequilibrios verbales.