Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Miércoles 25
Por:
Redacción el
24 de marzo de 2026
Luis Enrique: justicia a medias
La sentencia llegó. Tarde, como casi todo en estos casos. Diecinueve años de prisión para el autor material del asesinato de Luis Enrique Ramírez. En el expediente se anota como avance. En la realidad, sabe a poco. Porque aquí no se está juzgando un homicidio cualquiera. Se trata del asesinato de un periodista que ya había advertido su destino. “Yo soy el que sigue”, escribió. Y lo fue. No por azar, no por accidente, sino por un entorno donde las amenazas se cumplen y las advertencias rara vez se toman en serio. Su cuerpo apareció envuelto en plástico, tirado en una brecha al sur de Culiacán. Golpes en la cabeza, silencio después. Un mensaje claro. Y los mensajes, en este tipo de crímenes, nunca son individuales. Por eso la molestia de la familia no es solo entendible, es inevitable. Diecinueve años no alcanzan cuando el fondo del caso sigue sin tocarse. Cuando quien ejecuta recibe sentencia, pero quien ordena permanece invisible. Cuando la justicia se detiene justo donde empieza a incomodar. Y ese es el punto que no se puede maquillar. Porque castigar al autor material sin desmantelar la estructura que lo respalda no es justicia plena. Es una justicia administrada. Acotada. Calculada. Lo suficiente para cerrar el expediente mediáticamente, pero no para cerrar la herida. El reclamo es directo: quien lo hizo podrá salir relativamente joven. Pero más grave aún, quien lo mandó a hacer —si es que se confirma lo que todos suponen— ni siquiera ha sido alcanzado. Y así, el mensaje se distorsiona. No es un mensaje de autoridad.
No es un mensaje de protección al periodismo.
Es un mensaje de límite. De hasta dónde se investiga… y hasta dónde no. De hasta dónde se castiga… y hasta dónde ya no conviene. Y en ese terreno, el más peligroso de todos, es donde se normaliza lo inaceptable. Porque cuando la justicia llega incompleta, no cierra casos. Los deja abiertos… para que se repitan. Y así seguimos esperando justicia para Humberto Millán Salazar.
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GVL: sin oxígeno político
La decisión mayoritaria de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que determinó desechar —y ni siquiera entrar al fondo— el proyecto que buscaba ordenar la reinstalación del desaforado alcalde de Ahome, Gerardo Vargas Landeros, cierra en definitiva cualquier posibilidad de darle una bocanada de oxígeno político. El exsecretario general de Gobierno apostó a la última instancia. Y en ese cálculo falló. Porque más que rescatarlo, lo que terminó por exhibir es quién tiene, hoy por hoy, el control real de los hilos del poder en Sinaloa. Los saldos de esta resolución deben leerlos bien quienes andan desbocados por la nominación de Morena. No hay duda: el gobernador Rubén Rocha Moya mantiene intacto su nivel de relación con los mandos centrales. Y eso anticipa algo clave: las decisiones rumbo a la sucesión pasarán, sí o sí, por su despacho en el Tercer Piso. A varios les vendieron la idea de que habría sorpresa en el caso Vargas. La hubo… pero no como esperaban. Y el cohete terminó estallándoles en la cara. El golpe para el exalcalde es directo. Pero el impacto político es más amplio: es un coscorrón para las corrientes que lo empujaban. Rocha y su grupo se anotan un triunfo que desmorona el discurso de debilitamiento. Por el contrario, lo que se observa es a un gobernador con margen, con control… y con capacidad para orientar la sucesión. Al tiempo.
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Academia y poder
En medio del ruido, hay actos que hablan distinto. La Universidad Autónoma de Sinaloa otorgó su máxima distinción académica a dos científicas de talla nacional: Annie Pardo y Rosaura Ruiz. Trayectorias sólidas, décadas de formación, impacto real en la ciencia mexicana. Hasta ahí, el reconocimiento es incuestionable. Pero en política —y más en estos tiempos— nada es solo lo que parece. Cuando coinciden academia, poder estatal y figuras con peso nacional, el mensaje trasciende lo académico. No es menor que una de las galardonadas sea madre de la presidenta. No es menor que el acto lo encabece el gobernador. No es menor el momento. Y aun así, el fondo se sostiene. No es un premio vacío. Son perfiles que han construido carrera, que han formado generaciones y que han puesto a México en el mapa científico. Ahí está el equilibrio. La UAS honra… y al mismo tiempo se posiciona. Se vincula. Se conecta. Se alinea con una narrativa donde ciencia, educación y poder público buscan caminar en la misma dirección. Y eso, bien leído, no es necesariamente negativo. Porque en un país donde la ciencia suele quedar al margen, colocarla al centro —aunque sea en un escenario con lectura política— también manda una señal: que el conocimiento importa… y que también construye poder. La diferencia está en lo que sigue. Si esto se traduce en impulso real a la investigación, inversión científica y desarrollo académico, entonces habrá sido más que una ceremonia. Si no… quedará como tantas veces:
un acto correcto… en el momento políticamente perfecto.
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Aparece… y ya trae canicas
En política hay personajes constantes… y otros que aparecen por temporada. El alcalde de Badiraguato, José Paz López, llevaba semanas fuera del radar. Sin ruido, sin agenda visible, sin mayor presencia. Pero bastó una pregunta y reapareció con declaración incluida: no descarta buscar otro cargo en 2027. Eso sí, aclarando —muy serio— que “no son tiempos electorales”. La contradicción se explica sola. Porque mientras critica a quienes “andan con la carcoma de ser gobernador”, él mismo se anota… por si acaso. Prudencia en el discurso, pero aspiración en la bolsa. Y luego la frase: “tenemos muchas canicas”. El problema no es tenerlas. El problema es aparecer solo cuando toca contarlas. Porque en política, las aspiraciones no se construyen con ocurrencias ni con apariciones esporádicas. Se sostienen con trabajo, presencia y consistencia. Y ahí es donde la narrativa se cae. Decir que no son tiempos… mientras se deja abierta la puerta, no es prudencia. Es cálculo. Uno bastante evidente. Al final, más que un posicionamiento serio, lo que quedó fue eso: una ocurrencia más en medio del ruido. De esas que duran lo mismo que el reflector… y desaparecen junto con él.
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