Encuestas, no corazonadas
MORENA no solo domina las encuestas; domina el tablero completo. Mientras el partido guinda avanza con números claros y una competencia interna real, los partidos de oposición siguen extraviados, sin narrativa, sin figuras y, peor aún, sin rumbo. No aparecen ni en el radar electoral ni en la conversación pública. En contraste, el Partido Verde sigue creciendo, acomodándose, sumando presencia y entendiendo algo que otros no: la política se trata de leer el momento y moverse a tiempo. Dentro de MORENA, el proceso ya entró en una fase distinta. Los “caballos” comenzaron a moverse y el primer filtro no será el discurso ni la simpatía: será el género. Hombre o mujer. A partir de ahí vendrá lo demás: encuestas, posicionamiento, estructura y capacidad real de sumar. El margen es mínimo y el que no lo entienda ahora, llegará tarde. Los tiempos están adelantados, sí, pero no por capricho. La época electoral en México se adelantó desde hace años y hoy quien no actúa como si ya estuviera en campaña, simplemente está fuera del juego. Desde la Ciudad de México se observa todo: quién tomó partido, quién se movió antes, quién dudó y quién se quedó esperando señales que nunca llegan. Desde allá, el mapa se ve más claro y las decisiones se toman con memoria larga. Habrá quienes, desde la pasión o el exceso de confianza, se crean adivinos y dueños del futuro. Pero la política no premia la soberbia, premia la lectura correcta del momento. Y ese momento ya llegó. El proceso electoral rumbo a 2027 no es una posibilidad: ya arrancó. Quien no lo vea así, simplemente no entendió en qué tiempo está parado.
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Talismán equivocado
Dicen que en política hay apoyos que suman y otros que mejor se esconden. Y luego está el de Jorge “El Travieso” Arce, que ya parece convertirse en una especie de amuleto inverso: toca campaña… y esa campaña se cae. No falla. En el boxeo fue campeón mundial; en la política, campeón del mal timing. Ahí está el antecedente mayor (que hay varios): fotos, sonrisas, abrazos y discursos de “cultura del esfuerzo” con Xóchitl Gálvez. Se presumieron mutuamente, se vendió la hermandad… y vino la derrota. Y cuando parecía que la lección estaba aprendida, reaparece ahora respaldando a la senadora Imelda Castro, (caballo que corre por la candidatura de Morena a la Gobernatura). Y claro, en lo local se encendieron las alertas: ¿es apoyo o es mal augurio? Porque con todo respeto para el ídolo del ring, cuando el Travieso levanta la mano de alguien, más que aplauso provoca nervio. No sabemos si esto significa el principio del fin para la senadora o solo una señal de que algo no se está leyendo bien en su entorno, pero el historial pesa. En política, como en el box, hay personajes que no pegan… pero salan. Y que quede claro: La Senadora Imelda no necesita padrinos improvisados. Tiene carrera y oficio. El problema no es ella, sino la gente que se le está colando al vestidor. Porque una cosa es sumar músculo político y otra muy distinta es invitar a alguien que, cada vez que se sube a la esquina, termina celebrando del lado que pierde. Con ese apoyo, francamente, ¿quién necesita enemigos?
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Sector Agrícola Dividido
Que la CAADES no haya estado presente —ni su dirigente Jesús Rojo Plascencia, ni un solo representante— en el primer Informe de Labores de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán no es un detalle menor. Es un desaire que llamó la atención y que manda una señal equivocada en el peor momento posible. Cuando el campo sinaloense atraviesa sequía, costos disparados, incertidumbre en mercados y falta de apoyos oportunos, lo último que debería verse es distancia entre sus propias organizaciones. Más aún cuando el propio Roberto Bazúa, presidente de la AARC, habló con claridad: fueron invitados y, simple y llanamente, no acudieron. Falta de interés, dijo. Y esa palabra pesa. Porque si entre quienes encabezan al sector no hay presencia, diálogo ni respaldo institucional, la lectura es inevitable: algo no está bien dentro del engranaje agrícola del estado. Resulta contradictorio que, mientras en el discurso se llama a la unidad del campo, en los hechos se marquen ausencias que profundizan divisiones. La unidad no se decreta; se demuestra con gestos, con respaldo y con voluntad política. Y hoy el sector agrícola no está para juegos de poder ni silencios incómodos. Está para cerrar filas. El campo sinaloense necesita liderazgo, coordinación y madurez. No egos, no mensajes cruzados y mucho menos vacíos en los espacios donde debería haber coincidencias. Porque si el sector aparece fracturado ante sus propios problemas, difícilmente podrá exigir con fuerza lo que necesita de los gobiernos y del mercado. En momentos difíciles, la ausencia también comunica. Y esta, sin duda, comunicó más de lo deseable.
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Recuperar el control
La inseguridad que ayer vivió el país no se explica solo por cifras ni por estadísticas: se entiende en el miedo cotidiano, en la extorsión normalizada y en territorios donde durante años el crimen organizado se sintió intocable. Por eso, cualquier acción directa del gobierno de la República contra los grandes generadores de violencia —como la reciente operación en torno a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”— trasciende el hecho policiaco y se convierte en un mensaje político y de Estado. El mensaje es claro: nadie debería estar por encima de la ley, por poderoso que sea. La reacción del crimen organizado, con episodios de violencia casi simultáneos en varios estados del país, confirma que no se trató de un golpe menor. Cuando el Estado toca intereses reales, el crimen responde con caos, fuego y miedo. Esa respuesta no debe interpretarse como un fracaso, sino como la evidencia de que se movieron estructuras que durante mucho tiempo operaron con comodidad e impunidad. Lo preocupante no es la reacción criminal —previsible—, sino que durante años se haya tolerado un poder paralelo capaz de poner en jaque regiones enteras. México necesita avanzar, y avanzar implica asumir costos. No hay rutas fáciles para recuperar la paz cuando el crimen se ha infiltrado en economías locales, gobiernos débiles y tejidos sociales rotos. Pero también es cierto que el país ya no puede seguir rehén del temor a “provocar” a los delincuentes. Detener o desarticular liderazgos criminales no resuelve todo, pero sí marca un rumbo: el de un Estado que decide ejercer autoridad y no administrarla a medias. Bien por México si este tipo de acciones no se quedan en el impacto inmediato ni en el discurso, y se convierten en una estrategia sostenida: inteligencia, coordinación, justicia y presencia institucional permanente. Porque el verdadero mensaje que espera la ciudadanía no es solo que se puede golpear al crimen, sino que se puede hacerlo sin soltar el control del país.