Imelda se exhibe: tiene ‘otros datos’
Ayer en este espacio, se habló de encuestas sin ponerle nombre y apellido a los “caballos”. Hoy ya no hizo falta. La propia senadora Imelda Castro decidió entrar al terreno que formalmente nadie ha marcado, pero que varios pisan: el de la competencia real rumbo al 2027 rumbo a la sucesión gubernamental en Sinaloa. Y lo hizo con una frase que en política pesa más de lo que parece: “yo tengo otros datos”. Y lo dijo al responder, con cierto dejo de coraje al ser cuestionada sobre la encuesta de Demoscopia que es clara en dos planos. En el primero, Morena mantiene una ventaja sólida frente a cualquier otro partido, sin alianzas, confirmando que la contienda real no está afuera, sino adentro. En el segundo, al medir perfiles morenistas, se muestra una fotografía concreta del momento: una competencia cerrada, con márgenes mínimos y una disputa que ya no se puede ocultar. Que la senadora responda públicamente a una medición que la coloca en tercer sitio no es un desliz ni un accidente. Es, en los hechos, aceptar que el proceso ya está en marcha. Confersarse estar en una campaña abierta y descarada. Porque quien no está en campaña, no discute encuestas; y quien no está en la carrera, no presume tener 20 o 30 mediciones propias. Decir que “tiene otros datos” es, sin decirlo, reconocer que está compitiendo. Que está en campaña ya no tan disfrazada. Más aún: mientras se insiste en que todo se definirá cuando salgan las reglas, la agenda ya se mueve como si esas reglas existieran. Asambleas informativas, reuniones sectoriales, mensajes temáticos, presencia territorial y fotografía política. Todo eso tiene nombre y apellido en cualquier manual: posicionamiento previo, campaña contante y sonante. Aquí el punto no es quién va arriba hoy, sino entender algo más relevante: el margen entre aspirantes es estrecho y el género será el primer gran filtro. En ese escenario, nadie sobra y nadie está descartado. Pero tampoco hay espacio para simulaciones. El que crea que puede llegar tarde y aun así ganar, no está leyendo el momento. En Morena ya no se compite con discursos, se compite con datos, estructura y constancia. Y cuando los propios aspirantes salen a debatir encuestas, queda claro que la etapa de la negación terminó. El proceso rumbo a 2027 no empezó ayer… pero hoy ya nadie puede fingir que no lo ve.
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Movilidad con sentido
Bien cuando la política sí mejora la vida cotidiana. El programa Bixie tu bici culichi impulsado por el alcalde Juan de Dios Gámez Mendivil es una muestra clara de política pública con sentido social: movilidad, salud y economía familiar en una sola acción. Más de mil universitarios registrados en pocos días no es un dato menor; es señal de que cuando los programas están bien pensados y se conectan con las necesidades reales de la gente, la respuesta llega sola. Apostar por los estudiantes siempre es apostar por el futuro de Culiacán, y en ese camino, el respaldo es firme. En el terreno humano, la noticia que reconcilia con la fe y la esperanza. El alta médica del diputado Sergio Torres Félix, tras el atentado que puso su vida en riesgo, es un auténtico milagro. Bendito Dios. Más allá de colores o siglas, se trata de una vida que se salva y de una familia que vuelve a respirar. La recuperación también recuerda la gravedad de los tiempos que vivimos y la urgencia de que la violencia no se normalice. Solidaridad plena para él y para su compañera Diputada Elizabeth Montoya, quien carga secuelas irreparables. Y finalmente, la responsabilidad que no admite excusas. El llamado de la secretaria Sandra Angulo Cazarez a presentar la declaración patrimonial antes del 31 de mayo es más que un trámite administrativo: es un ejercicio de congruencia y rendición de cuentas. Quien sirve al Estado debe entender que la transparencia no es opcional ni selectiva. Cumplir con la declaración es cumplirle a la sociedad. Así de simple.
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No hay gobierno sin diálogo
En el norte del estado hay conflictos que no escalan por falta de dinero, sino por falta de diálogo. El caso de El Fuerte es un ejemplo claro. A una semana de que estalló la huelga en la Junta de Agua Potable, los trabajadores no solo mantienen el paro: salieron a las calles, marcharon y se plantaron en el arco de entrada del municipio para exigir algo elemental en cualquier gobierno: ser escuchados. La protesta de los trabajadores de la JAPAF no ha sido violenta ni desordenada. Ha sido pública, pacífica y cada vez más visible. Primero la huelga, luego la marcha, y ahora el anuncio de que saldrán acompañados de sus familias. Cuando un conflicto laboral entra en esa dinámica, el mensaje es claro: nadie los ha querido recibir. Frente a esto, la postura del alcalde Gildardo Leyva ha sido tajante: no habrá pago porque, desde su óptica, “es mucho dinero”. El problema es que en materia laboral la percepción personal no sustituye la ley. Los incrementos salariales no son concesiones políticas ni gestos de buena voluntad; son derechos establecidos que, cuando se ignoran, se convierten en conflictos sociales. Aquí no se trata solo de una diferencia administrativa. Se trata de una falla de conducción. Cuando un gobierno municipal decide no dialogar, el conflicto no desaparece: se traslada a la calle. Y cuando el servicio en juego es el agua potable, el riesgo no es solo laboral, es social. Los trabajadores han sido claros: no buscan afectar a la ciudadanía ni pedir algo fuera de la norma. Piden lo que marca la ley y una mesa de diálogo que, hasta ahora, no llega. En contraste, el silencio institucional termina por agravar un problema que pudo resolverse en escritorio y no en manifestaciones. En política municipal hay errores que cuestan caro. Gobernar con cerrazón, minimizar un conflicto y esperar que se desgaste solo, rara vez funciona. En El Fuerte, el tiempo corre, la tensión crece y el costo político —y social— se acumula. Porque cuando no se gobierna el conflicto, el conflicto termina gobernando.
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La Cruz Roja no se excluye
Mientras a nivel estatal se reconoce —con hechos y recursos— la labor sensible, permanente y vital de la Cruz Roja, en lo local todavía hay decisiones que no solo desentonan, sino que contradicen cualquier lógica de responsabilidad pública. El arranque de la Colecta Anual 2026 dejó un mensaje claro: la Cruz Roja no es un accesorio, es un pilar. Ahí estuvo el gobernador Rubén Rocha Moya, junto a los alcaldes de Culiacán, Elota, Badiraguato y Sinaloa, respaldando una institución que en 2025 brindó más de 451 mil servicios en todo el estado. Ambulancias nuevas, inversión pública, reconocimiento a voluntarios y un llamado abierto a la solidaridad social. Esa es la lectura correcta. Por eso resulta desconcertante que, justo cuando más se habla de prevención y coordinación, el Ayuntamiento de Guasave haya decidido relegar —en los hechos— a la Benemérita Institución de su operativo de Semana Santa en Las Glorias, el punto de mayor concentración de visitantes en la zona norte del estado. Pedirle a la Cruz Roja que se concentre “en comunidades”, mientras se le excluye del principal centro recreativo, no solo es una mala señal: es una decisión que va en sentido contrario al interés público. Las razones no han sido claras y, hasta ahora, tampoco convincentes. Pero en política y en gobierno, la forma también comunica. Y aquí el mensaje es preocupante: cuando se trata de proteger vidas, no debería haber diferencias, ni cálculos, ni ausencias reiteradas. La Cruz Roja no pide privilegios; cumple funciones que ningún municipio puede suplir por sí solo. Negarle espacio en un operativo de alta concentración es ignorar la experiencia, la capacidad de respuesta y, sobre todo, el principio básico de solidaridad con la gente. Mientras el estado fortalece a la institución, lo mínimo que se espera a nivel municipal es coherencia. Porque cuando se trata de emergencias, la omisión también cuenta. Y en esos momentos, la sociedad no perdona decisiones que pudieron evitarse.