El espejismo panista
Eduardo Ortiz, dirigente municipal del PAN en Culiacán, decidió estrenar la temporada de destapes con una tesis singular: no levanta la mano, pero asegura que “todas las encuestas” lo colocan arriba para la alcaldía —y, de paso, para la gubernatura—. Las declaraciones retratan al panismo local más que a Ortiz: mientras Morena define relevos en función de estructura y operación, el PAN se aferra a encuestas que nadie ha visto y a notoriedades que no existen fuera del comité. El dirigente presume competitividad sin explicar medición, muestra ni universo, y confunde simpatía partidista con intención de voto real. El antecedente reciente no ayuda: a Ortiz lo conocen más quienes ejecutaron un embargo en La Primavera que quienes podrían votar por él. El panismo local carga una deuda política más pesada que cualquier adeudo inmobiliario: lleva años sin construir candidato, sin renovar discurso y sin disputar territorio. Hoy todos quieren ser candidatos para llevar agua a molinos vacíos: Coparmex, perfiles empresariales y el propio comité se entusiasman con listas y destapes, pero evaden la pregunta básica: ¿dónde están los votos? Culiacán no se gana con conferencias ni con optimismo metodológico; se gana con estructura, calle y proyecto. Y ahí el PAN sigue en el mismo punto: confundiendo boletín con músculo y encuesta imaginaria con competitividad electoral.
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Acoso en el Congreso
Lo ocurrido en la posada del Congreso no fue un pleito menor ni un exceso de fiesta: fue un episodio de acoso contra diputadas por parte del diputado Santana Palma, que terminó expulsado a golpes y empujones por su propio compañero Diputado Rodolfo Valenzuela cuando el alcohol ya era más fuerte que el cargo. El dato incómodo no es el golpe ni el empujón: es que un legislador consideró normal fotografiar a mujeres sin su consentimiento, decirles de cosas, y creer que la edad, la fiesta o la investidura lo eximían de respeto. El panismo y el priismo suelen hablar de “valores” y “respeto a la mujer”, pero cuando el acoso viene desde dentro del congreso, el reflejo del sistema es siempre el mismo: silencio, bromas, filtros y olvido. En cualquier empresa o escuela, ese comportamiento sería causal de despido inmediato; en el Congreso, algunos quisieron reducirlo a chisme de posada, incluso la titular de la JUCOPO que se enteró y nada hizo. Esa es la tragedia: cuando la política minimiza el acoso, legitima que vuelva a ocurrir. Santana Palma es una persona adulta, pero no por eso inocente. El problema no es su edad ni su torpeza, es la estructura que permitió que un diputado ebrio y fuera de control fotografiara a mujeres, se burlara del límite y creyera que el género le daba permiso. El respeto no se negocia y la edad no otorga fuero moral. En un Legislativo que presume agenda de igualdad, el acoso debería encender protocolos, no risas. La violencia contra mujeres rara vez inicia en golpes: inicia en la impunidad del gesto, en la foto no pedida, en la mirada que invade, en el comentario que cosifica y en la institución que calla. Lo que pasó en la posada del legislativo no es anécdota, es síntoma. Y en política, los síntomas hablan más que los discursos.
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Empleo que sí vale
La Feria Nacional del Empleo llega a Culiacán con más de 500 vacantes y un mensaje sencillo: en un entorno marcado por inseguridad e incertidumbre, las oportunidades laborales valen más que cualquier discurso. Gobierno y empresas decidieron aparecer juntos en la Obregón y no es menor: la estabilidad económica también es un mecanismo de seguridad pública. Una familia con ingresos sostenidos tiene menos vulnerabilidad, más opciones y menos riesgo. Las ferias funcionan porque acortan la distancia entre oferta y demanda; eliminan filtros inútiles y colocan a buscadores frente a quienes deciden. Es política pública útil y medible, no elucubración. En un estado donde el mercado laboral suele fragmentarse y donde la informalidad gana terreno, que 35 empresas salgan a ofrecer hasta 45 mil pesos mensuales es señal de que el capital productivo no se resigna. La economía real necesita menos fatalismo y más articulación: inversión, formación, vinculación y empleo. La primera feria de 2026 no cambia el mapa, pero sí dibuja una ruta: cuando el sector privado y el gobierno se encuentran en el territorio y no en el boletín, hay posibilidades de desarrollo. En este momento del año y en esta ciudad, eso importa.
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Tarifa con equilibrio
La discusión por el aumento a la tarifa del transporte público toca la fibra más sensible del bolsillo popular: estudiantes, trabajadores y madres de familia que dependen del camión para llegar a la escuela, al hospital y al empleo. Pero también confronta una realidad que pocos quieren asumir: el servicio lleva cuatro años sin ajuste y opera con diésel, refacciones y mantenimiento cuyo costo crece cada mes. Fingir que el transporte puede sostenerse con tarifas congeladas es tan irresponsable como incrementarlas sin medir el daño social. Aquí el gobernador hizo lo correcto: abrir el diálogo, escuchar a concesionarios y reconocer que el tema no es ideológico, sino bilateral. En transporte no hay magia, hay ecuaciones: costo-operación-calidad-tarifa. Si el Estado busca que el servicio mejore y que los usuarios no paguen el desorden, la ruta inevitable es el acuerdo. Que Rocha mantenga la tarifa preferencial de estudiante también es señal de priorización: el transporte es movilidad social antes que negocio. Lo importante es que la negociación no se haga en automático ni en la prensa: que se haga con datos, con costos reales y con compromisos verificables. Si Sinaloa quiere ciudades más dignas, debe asumir que el transporte vale dinero; y si quiere justicia social, debe asegurar que nadie quede afuera por no poder pagar. El equilibrio no se decreta, se construye.