Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Miércoles 22
“En política, el acuerdo resuelve… pero la percepción define.”
Por:
Redacción el
22 de abril de 2026
Precio y respaldo al campo
En política, hay momentos de presión… y momentos de resolución. Y lo que ayer ocurre con el campo sinaloense es justo eso: después del ruido, llegó el acuerdo. Fueron días —y semanas— de tensión. Toma de casetas, reclamos abiertos, mesas en la Ciudad de México y una exigencia clara: un precio que diera viabilidad. No era menor. Era el sustento de miles de familias y el equilibrio de uno de los sectores más importantes del estado. Hoy, ese capítulo encuentra salida. Se fija el precio en 6 mil pesos por tonelada, con un esquema de apoyo que suma 1,700 pesos adicionales. No es el escenario ideal que algunos buscaban, pero sí es un punto de equilibrio posible frente a un mercado internacional que no dio margen y a una realidad productiva que no podía esperar más. Y aquí hay que decirlo con claridad: este acuerdo no se construyó solo. El gobernador Rubén Rocha estuvo en la mesa, operando, empujando y acompañando una negociación compleja, donde no todo dependía del estado. Y al lado, un perfil técnico que ha entendido el fondo del tema: Ismael Bello, secretario de Agricultura, que no solo conoce el campo… lo ha defendido con argumentos, números y lectura real del sector. Ese binomio fue clave. Porque mientras unos presionaban desde fuera, alguien tenía que sostener la negociación dentro. Y eso fue lo que terminó inclinando la balanza hacia un acuerdo que permite avanzar. También hay que entender el otro lado: los productores pelearon hasta donde pudieron. Buscaron más, argumentaron costos, empujaron cifras… pero también entendieron el momento. Las trillas ya están encima, el ciclo no espera y había que cerrar. Esa es la diferencia entre la presión política y la responsabilidad productiva. Ahora viene lo que sigue. Los tiempos de pago, las reglas de operación y, sobre todo, que el recurso fluya como debe. Porque en el campo, los acuerdos no se celebran… se cumplen. Por lo pronto, el mensaje es claro: hubo tensión, hubo negociación… y hubo resultado. Y en un contexto donde muchas veces el conflicto se estanca, eso también cuenta.
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Morena bajo lupa
En política, los tiempos no siempre los marca la ley… los marca la ambición. Y en Sinaloa, ese reloj ya empezó a correr antes de que alguien diera la señal oficial. Lo que parecía ruido aislado hoy empieza a tomar forma de patrón. Primero, el Tribunal Electoral del Estado corrige a Morena y ordena reabrir una queja que había sido desechada con ligereza. No es menor. Porque cuando un tribunal habla de pruebas no valoradas y de análisis incompleto, lo que realmente está diciendo es que hubo prisa… o conveniencia. Y ahí se abre la puerta. Porque si hay bardas, asambleas, informes con tu nombre circulando y pruebas notariadas de por medio, entonces ya no es percepción política… es materia jurídica. Y eso cambia el juego. Ya no es quién se mueve más, sino quién logra justificarlo. En paralelo, el PAN se sube al tema y anuncia más denuncias. No por convicción democrática… sino porque encontró una veta. Saben que el terreno está fértil para exhibir a Morena en algo que siempre ha criticado: los actos anticipados. Y mientras unos denuncian, otros se deslindan. Desde Morena, el discurso empieza a ser el de siempre: “no sé quién pintó”, “voy a investigar”, “no me extrañaría”. Una narrativa que busca distancia sin romper el posicionamiento. Porque aquí nadie quiere aparecer como culpable… pero tampoco desaparecer del mapa. El fondo es más simple de lo que parece: la carrera ya empezó. Y cuando eso ocurre, pasan dos cosas. La primera: se tensan las reglas internas. La segunda: se desgasta la narrativa de legalidad. Porque no se puede pedir orden… mientras todos se adelantan. Lo interesante no es quién va adelante, sino quién va a sobrevivir al filtro. Porque con tribunales revisando, partidos denunciando y aspirantes posicionándose, esto dejó de ser una precampaña silenciosa para convertirse en un proceso vigilado. Y en política, cuando te empiezan a mirar… ya no basta con moverte. Hay que justificar cada paso.
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Reacomodos en la cima
En política, los cambios nunca son casualidad… son señal. Y lo que empieza a perfilarse en la dirigencia nacional de Morena apunta justo a eso: un reacomodo con fondo, no de forma. La salida de Luisa María Alcalde no se lee como relevo ordinario. Se da en el arranque de la ruta rumbo al 2027, donde lo que está en juego no es solo la operación partidista, sino el control de las decisiones. Y ahí es donde aparece el nombre de Ariadna Montiel. No es una figura menor. Viene de una de las estructuras más poderosas del gobierno federal: el bienestar. Territorio, padrones, operación… política pura. Su eventual llegada no solo redefine la dirigencia, redefine la lógica interna del partido. Porque cuando se mueve la cabeza, se mueve todo. En los estados, por supuesto, empiezan las lecturas. Montiel no es ajena a ciertos grupos ni a ciertos perfiles que ya están en el tablero local. Para algunos, eso puede representar cercanía, interlocución y hasta ventaja. Para otros, una señal de reconfiguración que no necesariamente los incluye. ¿Ayuda o perjudica? Depende desde dónde se mire. Pero hay un elemento que no se puede ignorar: el sello de esta etapa es distinto. Poco a poco, las decisiones empiezan a responder a una lógica propia, más institucional, más centralizada… y menos anclada a lo que fue el liderazgo anterior. No es ruptura. Es transición. Y en esa transición, el poder se acomoda. Porque mientras unos leen afinidades, otros entienden algo más de fondo: quien controle la dirigencia… influye en las candidaturas. Y ahí es donde realmente empieza el juego.
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Resultados en tierra
La percepción no se construye con discursos… se construye caminando la calle. Y cuando la calle cambia, la narrativa también. Porque durante años, muchas colonias de Culiacán vivieron entre el polvo, el lodo y el abandono. Calles que eran problema diario, no tema de agenda. Y eso pesa. Pesa en el ánimo, en la evaluación… y en el voto. Hoy, ese escenario empieza a moverse. La pavimentación no es solo obra pública. Es impacto directo. Es seguridad, movilidad, convivencia. Es que una familia deje de preocuparse por inundaciones, que un niño pueda salir a jugar, que el traslado deje de ser un problema. Es lo básico… que durante mucho tiempo no lo fue. Y ahí está la clave. Porque mientras en la política se discute quién va, quién viene y quién se posiciona, en la calle la gente mide otra cosa: resultados. Casi 300 calles pavimentadas no son un dato menor. Son territorio intervenido, colonias atendidas y una señal clara de que el gobierno municipal decidió meterse a donde antes no se entraba. ¿Alcanza? Depende de la percepción. Pero lo que sí cambia es el punto de partida. Porque cuando la obra llega, la crítica se ajusta. Y cuando la gente empieza a notar mejoras en su día a día, el juicio deja de ser general… y se vuelve personal. Así funciona la política real. No la del discurso, ni la de la confrontación… sino la que se mide en lo cotidiano. Porque al final, la calle no miente. Y cuando cambia… también cambia la percepción.
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