Columnas
Columna Institucional Sin Ambages martes 21
Por:
Redacción el
20 de abril de 2026
El Verde con estructura
En política, los eventos dicen poco… la gente que los respalda, lo dice todo. Y lo que ocurrió en Culiacán con el Partido Verde no fue una simple toma de protesta, fue una lectura clara de hacia dónde se está moviendo la operación política en la capital. Porque en un momento donde muchos proyectos dependen de la coyuntura o de figuras mediáticas, aquí la apuesta fue distinta: estructura territorial. Más de 500 perfiles que no responden a la improvisación, sino a trabajo previo en colonias, seccionales y contacto directo. Es decir, lo que no siempre se ve, pero siempre cuenta. Ese matiz cambia el análisis. No es un arranque, es una consolidación. Y ahí es donde el papel de Ricardo Madrid empieza a tomar forma con mayor claridad: menos reflector, más construcción. Un dirigente que está apostando por orden interno, presencia constante y capacidad de movilización, elementos que, en la política local, terminan pesando más que cualquier narrativa. Además, el contexto no es menor. Culiacán es el centro político del estado, y quien logre construir estructura aquí, inevitablemente entra en la ecuación de cualquier escenario electoral. En ese sentido, el Verde no solo se está organizando… se está posicionando. Sin ruido excesivo, pero con señales claras: hay base, hay operación y hay intención de jugar. Ya sea como aliado estratégico o como fuerza que empuje su propia agenda, el mensaje es el mismo… el Verde en Culiacán dejó de ser espectador. Porque al final, en política, los discursos construyen percepción… pero el territorio define resultados.
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Apuesta que suma
Hay decisiones que no necesitan adornarse… se explican por sí solas. Apostar por el deporte y la juventud no es solo una agenda social, es una definición de rumbo. Y en Culiacán, el inicio de la rehabilitación del Parque Constitución se coloca justo en esa lógica: recuperar un espacio que nunca dejó de ser de la gente, pero que ya exigía intervención. El llamado “parque de los animales” no es menor. Es el punto deportivo más activo de la ciudad, donde conviven generaciones y se forman hábitos. Pero también es cierto que su desgaste ya era evidente. Por eso, más allá de la obra en sí, lo relevante es quién la empuja y en qué contexto. El alcalde Juan de Dios Gámez, a través del Ayuntamiento de Culiacán, está marcando una línea clara: invertir en infraestructura que impacte directamente en la vida cotidiana. Y no es un hecho aislado. Ahí están también las calles. Más de 273 vialidades entregadas de las mil comprometidas para el mandato. Un ritmo que, de sostenerse, no solo cumple metas… empieza a revertir un rezago que por años se fue acumulando en la ciudad. Ese es el punto fino. No es solo pavimentar o rehabilitar, es ordenar una deuda histórica en infraestructura urbana. Calles transitables, espacios deportivos funcionales, entornos más dignos. Elementos básicos que, cuando faltan, pesan… y cuando llegan, cambian dinámicas. En medio de una discusión pública cargada hacia otros temas, estas decisiones también construyen prevención. Porque invertir en deporte, en juventud y en espacio público no es accesorio… es parte de la solución de fondo. Sin exageraciones, pero con claridad: recuperar el Parque Constitución y avanzar en pavimentación no es un lujo, es atender lo que durante años se dejó pendiente. Y si algo debería ser consenso, es precisamente eso… hay apuestas que no dividen, simplemente suman. Porque al final, las ciudades no solo se miden por lo que prometen… sino por lo que empiezan a resolver.
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Formar para contener
En seguridad, los resultados no empiezan en la calle… empiezan en la preparación. Y lo que se está moviendo en Sinaloa apunta justamente a eso: fortalecer desde adentro antes de exigir hacia afuera. La graduación de una nueva generación del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) y el arranque de la capacitación de más de 300 policías investigadores no son hechos aislados. Son parte de una lógica que pocas veces se comunica, pero que termina siendo determinante: profesionalizar para responder mejor. Porque el fondo es claro. No hay estrategia de seguridad que funcione si no hay capacidad operativa real. Y esa capacidad no se improvisa. Se construye con entrenamiento, disciplina y actualización constante. Elementos mejor preparados y mejor pagados, no solo ejecutan mejor… también reducen margen de error en contextos donde cada decisión pesa. Ahí es donde la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, bajo la conducción de Sinuhé Téllez, empieza a marcar una ruta más técnica que mediática. Menos reacción, más formación. Menos discurso, más estructura operativa. Y el dato no es menor: mientras una nueva generación se integra a tareas especializadas, otros 300 elementos de la Fiscalía se preparan en funciones clave de investigación. Es decir, no solo se fortalece la presencia… también la inteligencia y el proceso. En un entorno donde la exigencia social es inmediata, este tipo de decisiones suelen pasar desapercibidas. Pero son las que sostienen cualquier resultado a mediano plazo. Porque sin policías capacitados, no hay estrategia que aguante. Sin triunfalismos, pero con claridad: invertir en formación policial es apostar por una seguridad más sólida. No resuelve todo de inmediato… pero es lo que define si lo demás puede funcionar. Porque al final, en seguridad, la diferencia no la marca solo la fuerza… la marca la preparación.
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Dos Mazatlán
En política turística, como en casi todo, los números no solo informan… también compiten. Y hoy, Mazatlán tiene dos versiones sobre la mesa. Una que proyecta crecimiento, flujo constante de cruceros y derrama económica en ascenso. Y otra que advierte una caída del 40% en la recaudación del impuesto al hospedaje, con hoteles ajustando tarifas y preocupaciones reales en el sector. ¿A cuál le creemos? Porque mientras por un lado se presume la llegada de más de 200 mil visitantes vía cruceros y una derrama que supera los 300 millones de pesos en lo que va del año, por el otro, los propios actores del turismo local señalan que esa bonanza no se refleja en sus ingresos. Y ahí es donde el discurso empieza a desfasarse de la percepción. El punto fino no es descalificar una u otra versión, sino entender que ambas pueden ser ciertas… pero incompletas. El turismo de cruceros, por ejemplo, genera flujo, sí, pero con dinámicas de consumo distintas al turismo de hospedaje. Más visitantes no necesariamente significan más ocupación hotelera, ni mayor recaudación directa. Ahí está el detalle. Mazatlán puede estar bien posicionado como destino internacional y, al mismo tiempo, tener debilidades en su modelo de captación de ingresos. Puede haber movimiento en el malecón… y presión en los números del sector. Por eso, más que elegir qué narrativa creer, lo que toca es ajustar la estrategia. Porque si la promoción no está conectando con resultados medibles, entonces no es un tema de percepción… es un tema de ejecución. Sin dramatizar, pero sin maquillar: Mazatlán no está mal… pero tampoco tan bien como algunos números quieren hacer ver. Porque al final, en turismo, la mejor métrica no es la que se anuncia… es la que se siente en el bolsillo.
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