Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Viernes 3
“La democracia se fortalece cuando el poder sabe escuchar los aplausos, pero también tiene la madurez para aceptar las críticas”
Por:
Redacción el
2 de julio de 2026
Doña Tere no soportó
Parece que aquello de “el pueblo pone y el pueblo quita” funciona muy bien cuando los aplausos vienen de un lado, pero se vuelve una teoría bastante incómoda cuando lo que llegan son abucheos. María Teresa Guerra Ochoa decidió responder al episodio viral del “¡Fuera Morena!” con una estrategia bastante conocida en la política mexicana: si el escenario se complica, se cambia la conversación. El problema es que en el intento terminó arrastrando a familiares de la diputada de MC, Elizabeth Montoya y sus escoltas a una discusión que, al final, tenía un origen mucho más simple: una expresión pública de descontento. Elizabeth Camacho —que callada no es— respondió rápido recordando algo que nunca debió perderse entre acusaciones y señalamientos: que su familia cuenta con seguridad por las consecuencias de un atentado que le arrebató un ojo. Ahí es donde el debate deja de ser político y se vuelve incómodo. Porque una cosa es responder a una crítica y otra muy distinta es intentar convertir un abucheo en una teoría de conspiración. En política existe una regla no escrita: quien presume cercanía con la gente también debe aprender a soportar cuando la gente deja de aplaudir. Y Tere Guerra no soportó. ¿Y la queso?
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Congreso: un jardín Bonsai
En Sinaloa la política sigue regalando escenas dignas de una función donde el público llega tarde y ya no sabe quién salió ni quién entró. Rodolfo Valenzuela Sánchez y Kristiam Alexis Espinoza García pidieron licencia indefinida para ir a buscar acomodo en el proceso interno de Morena; no oficialmente para competir, claro, sino para “ver qué sale” en la repartición política que viene. En su lugar aparecieron Jesús Askanio Salomón Saiz y Gregorio Bojórquez Estrada, nombres que para buena parte de la ciudadanía generaron una reacción tan espontánea como inevitable: “¿y ellos quiénes son?”. Y para completar la escena, el Congreso eligió a Juan Diego Iturralde como presidente de la Mesa Directiva con los votos suficientes para sacar adelante el trámite, aunque sin el respaldo de la oposición. Al final la política moderna ha perfeccionado una curiosa habilidad: cambiar rostros con una rapidez sorprendente mientras deja intactas las formas de siempre. Porque a veces el ciudadano vota por unos y termina viendo desfilar a otros, como si el Congreso fuera una especie de relevo interminable donde el electorado apenas alcanza a distinguir quién entró antes de preguntarse quién sigue. El legislativo en Sinaloa se convirtió en un jardín Bonsai. Puro arbolito de naturaleza pequeña.
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Conflicto sin salida
Lo que ocurre en Guasave en el conflicto entre el Ayuntamiento y los dos sindicatos parece una negociación laboral de rutina, pero en realidad exhibe uno de los males más arraigados de la administración pública: la dificultad para mover estructuras que con el paso del tiempo terminan sintiéndose dueñas de espacios, funciones y privilegios. Porque una cosa es defender derechos laborales y otra muy distinta convertir cualquier intento de reorganización en un territorio intocable. Los gobiernos cambian, las necesidades de los municipios cambian y las exigencias ciudadanas aumentan, pero hay inercias burocráticas que parecen permanecer inmunes a cualquier ajuste. Y ahí es donde aparece la pregunta incómoda: ¿el aparato público está diseñado para responder a las necesidades de la gente o para proteger sus propias comodidades internas? Porque mientras las negociaciones se prolongan entre porcentajes de avance, posturas y acuerdos pendientes, la realidad sigue esperando afuera. Y esa es la tragedia silenciosa de muchos gobiernos: discutir durante horas cómo acomodar la estructura, mientras los ciudadanos siguen preguntándose cuándo alguien se ocupará de resolver lo verdaderamente importante en una ciudad que luce sucia y descuidada.
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Vale más prevenir
El país ya aprendió, a un costo demasiado alto, que la naturaleza dejó de comportarse bajo viejas certezas. Huracanes que se intensifican en cuestión de horas y fenómenos cada vez más agresivos han demostrado que la capacidad de reacción puede marcar la diferencia entre proteger vidas o contar pérdidas. Bajo esa realidad, el simulacro realizado en Culiacán, por parte de dependencias y organismos de auxilio y rescate a la población, no debe verse como un acto protocolario ni como una fotografía institucional. Ensayar un escenario de huracán categoría 5 es asumir que lo impensable también puede ocurrir. Porque las tragedias no suelen revelar únicamente la fuerza de un fenómeno natural; también exhiben qué tan preparados —o qué tan confiados— estábamos. Y la historia reciente ya dejó una lección muy clara: la emergencia no avisa dos veces.
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