Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Jueves 3
“La responsabilidad se demuestra cuando hacer lo correcto cuesta más que mirar hacia otro lado”
Por:
Redacción el
2 de septiembre de 2026
Sergio Torres no lo merece
En tanto que el dirigente de MC, Sergio ‘El Pío’ Esquer y la diputada Elizabeth Montoya se dibujan miserables, en el Congreso del Estado de Sinaloa se hacen los desmemoriados. Lo decimos a propósito del penoso extremo al que han llevado el caso del diputado Sergio Torres Félix quien fue objeto de un atentado el 28 de enero, lo que lo mantiene postrado en cama. De pronto a ‘El Pío’ y a la diputada quien por fortuna tuvo mejor suerte en el ataque al que sobrevivió junto con Sergio Torres, les agarró un apuro porque el Congreso convoque al diputado suplente, con lo que el ex alcalde que requiere atención médica quedaría a la buena de Dios, cuando en lugar de eso –y es ahí donde en el Legislativo se hacen los olvidadizos—pueden proponer y autorizar una pensión y apoyo médico para ‘El Cholo’ que le permita a su familia la manutención y los servicios de salud. Ya hay un antecedente. Está el caso de la panista Yudith del Rincón quien en febrero de 2016 sufrió un derrame cerebral en medio de un evento en el que representaba al Congreso del Estado y terminó convaleciente en un hospital. En aquel entonces, siete meses después, en septiembre, el pleno aprobó justamente una pensión y apoyo médico a favor de Del Rincón Castro, que se mantuvieron vigentes mientras duró su incapacidad. Sergio Torres no merece el trato que le están dando en MC, partido que es lo que es en Sinaloa gracias a su trabajo político. Ya su familia pidió respeto a sus derechos dado que está vivo y recuperándose. Y Sergio Esquer, de no creerse, apeló a que MC ocupa al 100 por ciento de sus diputados. Mucha miseria humana.
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Del Zoo… a buscar el “hueso”
El ex regidor José María Casanova ya dejó, en silencio como lo hacen quienes huyen de sus responsabilidades, la dirección del Zoológico de Culiacán. Y aunque su gestión estuvo acompañada de cuestionamientos por el estado de los animales, la falta de personal especializado, alimentación, mantenimiento y la relación con organismos del sector, ahora parece que ya encontró un nuevo hábitat donde quiere desenvolverse: el Congreso del Estado. Según el ex funcionario ha comentado con personas de su círculo cercano que su siguiente objetivo es buscar una diputación local por Morena. Y vaya que resulta curioso el cambio de rumbo. Porque durante su paso por el Zoológico no quedó precisamente la impresión de que la conservación y el bienestar animal fueran su gran vocación. Ahora, en cambio, todo indica que la prioridad sería conquistar y conservar una posición política en el Legislativo. Quizá por eso la renuncia no sea tanto una despedida sino solo un cambio de fauna. Al final, cada quien sus vocaciones. Al “Chema” –como le conocen-- parece que sí le dejó buena experiencia eso de localizar la osamenta de la jirafa que se le perdió cuando asumió el cargo en noviembre 2024, porque para corretear “huesos” salió muy bueno.
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¿Qué desea el STASAC?
Los sindicatos tienen una razón de ser: defender los derechos de los trabajadores. Eso nadie lo discute. Lo que sí merece una reflexión es hasta dónde puede llegar esa defensa cuando las exigencias terminan poniendo en riesgo las finanzas de la institución que, precisamente, sostiene esos empleos. Pedir 300 nuevas bases y un aumento salarial del 15 por ciento, como lo ha hecho el STASAC, puede sonar muy bien para quien está sentado en la mesa sindical. Pero cuando esas propuestas forman parte de un pliego de 30 peticiones, la pregunta obligada es ¿quién va a pagar la factura y durante cuánto tiempo? Porque una ‘conquista’ se convierte en un compromiso permanente: salarios, prestaciones, jubilaciones, impuestos y todo lo que implica mantener una nómina. Y si las finanzas públicas no tienen capacidad para soportarlo, tarde o temprano alguien termina pagando las consecuencias. Y aquí está la paradoja: un sindicato puede ganar hoy una negociación y, sin darse cuenta, perder mañana la batalla por la estabilidad laboral de sus propios agremiados. Defender al trabajador también significa cuidar la fuente de trabajo. Significa entender que los recursos públicos son limitados y que cada peso que se compromete hoy es un peso que puede faltar mañana para servicios, inversión, infraestructura o incluso para cumplir con las obligaciones laborales ya existentes. Pedir más siempre es fácil. Lo verdaderamente responsable es saber cuánto se puede conceder sin hipotecar el futuro más en tiempos de finanzas públicas apretadas.
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Teresa no debió morir
La muerte de Teresa duele. Duele porque no debería haber pasado. Era una madre que simplemente fue a recoger a su hijo a la Escuela Primaria Teófilo Álvarez Borboa, en la colonia 10 de Mayo, al sur de Culiacán, y terminó perdiendo la vida dentro de un espacio que tendría que ser seguro. Teresa tenía 45 años. Los primeros reportes señalan que recibió una descarga eléctrica al entrar en contacto con un cable en el plantel, después de una tarde de lluvia y con el piso mojado. Pero hay una pregunta que no necesita esperar un dictamen: ¿Cómo puede existir un cable capaz de provocar una descarga mortal dentro de una escuela primaria? No hablamos de un terreno abandonado ni de una instalación clandestina. Hablamos de una escuela pública a la que diariamente entran niñas, niños, maestros y padres de familia. Por eso reducir lo sucedido a un “lamentable accidente” sería insuficiente. Si las investigaciones confirman que existía una instalación eléctrica expuesta, deficiente o sin mantenimiento, habrá que determinar responsabilidades. Y aquí comienza la responsabilidad política. La secretaria de Educación Pública, Gloria Himelda Félix, tiene frente a sí un hecho que exige más que condolencias y comunicados. Exige respuestas. ¿En qué condiciones estaba la instalación eléctrica de la primaria? ¿Existían reportes previos? ¿Cuándo fue revisada por última vez? ¿Hay otros planteles en condiciones similares? Sobre todo, este caso debería provocar una decisión inmediata: una revisión extraordinaria de las instalaciones eléctricas de las escuelas públicas de Sinaloa. No una inspección de escritorio ni un oficio preguntando si “todo está bien”. Una revisión física, plantel por plantel. La seguridad de una escuela no puede depender de que un director consiga recursos, de cooperaciones de padres de familia o de esperar a que el riesgo sea evidente. Garantizar condiciones mínimas de seguridad es obligación del Estado. La tragedia debe esclarecerse hasta sus últimas consecuencias y los peritajes tendrán que establecer qué falló y quién es responsable. Teresa salió de su casa para recoger a su hijo de la escuela y nunca regresó. Las condolencias son necesarias. Las explicaciones también. Pero después de Teresa, revisar las escuelas ya no es una recomendación. Es una obligación.
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