Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Viernes 6
Por:
Redacción el
6 de febrero de 2026
La agenda que sí suma
El primer Encuentro de Negocios y Franquicias Culiacán 2026 dejó algo más que fotografías oficiales, cifras de asistentes o discursos bien armados. Dejó una señal política y económica que vale la pena subrayar: sí es posible pensar y actuar en clave regional, y Culiacán —con la Universidad Autónoma de Sinaloa al centro— puede ejercer un liderazgo que convoque, sume y ordene esfuerzos entre municipios. Lo que se vio en el auditorio de la UAS no fue un evento aislado ni una agenda localista. Fue un ejercicio de coordinación poco común, donde alcaldes de Ahome, Mazatlán, El Fuerte, Rosario, Escuinapa, Badiraguato, Elota, Concordia y otros municipios coincidieron alrededor de una misma mesa, con un objetivo compartido: impulsar el desarrollo económico desde lo local, pero con proyección regional y nacional. Ahí está el fondo del asunto. Durante años, los municipios han competido entre sí por recursos, reflectores y proyectos, como si el desarrollo fuera un juego de suma cero. Este encuentro demostró lo contrario: cuando se construye una agenda común, todos ganan. Marcas sinaloenses con potencial de franquicia, emprendedores que no tienen que salir del estado para crecer, inversión que se queda y se multiplica. La UAS jugó un papel clave como punto de encuentro neutral, académico y confiable. No es menor que sea la universidad pública la que sirva de ancla para articular gobierno, empresarios y emprendedores. Ahí hay una lección clara: sin instituciones fuertes que convoquen, no hay proyectos regionales que se sostengan. Culiacán, además, envió un mensaje que trasciende lo económico. En tiempos donde la narrativa externa suele reducir a la capital a sus problemas, este tipo de ejercicios reposicionan a la ciudad como lo que también es: un nodo productivo, con talento, con capital humano y con capacidad de organización. El reto ahora es no dejar que el entusiasmo se diluya. La oportunidad está en convertir este encuentro en una plataforma permanente, en una agenda regional de trabajo que no dependa de calendarios políticos ni de voluntades pasajeras. Porque si algo quedó claro es que cuando Culiacán convoca con seriedad, la región está dispuesta a caminar junta.
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El silencio también gobierna
Mientras algunos alcaldes aprovecharon el Encuentro de Negocios y Franquicias para hablar de desarrollo, inversión y futuro, otros eligieron callar justo cuando se les necesitaba hablar. El silencio del alcalde de Elota, Richard Millan, el de Concordia y, sobre todo, el de Estrella Palacios de Mazatlán, no pasó desapercibido. Fue un silencio ruidoso, incómodo y políticamente revelador. En el caso de Mazatlán, la omisión fue todavía más evidente. Frente a los micrófonos, sonrisas y promoción turística; frente a la pregunta incómoda, mutis. La alcaldesa decidió ignorar el tema del múltiple “levantón” ocurrido en su municipio, como si el problema desapareciera con solo no nombrarlo. No hubo postura, no hubo información, no hubo mensaje para las familias ni para la ciudadanía. Solo evasión. Ese silencio no es casual ni ingenuo. Es una forma de deslindarse, de pasar la pelota al gobernador, de asumir que la seguridad es un tema exclusivo del estado cuando conviene, pero no cuando se trata de capitalizar eventos, carnavales o reflectores. Gobernar, sin embargo, no es elegir solo las preguntas cómodas. Es dar la cara también cuando la realidad aprieta. Mazatlán no necesita una alcaldesa que solo aparezca para invitar a fiestas mientras esquiva la crisis. Necesita liderazgo, claridad y responsabilidad política. Porque cuando un alcalde calla frente a la violencia, no está siendo prudente: está siendo omiso. Y la omisión, en estos contextos, también pesa… y se cobra.
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La universidad al límite
Sorprende —y preocupa— la situación que atraviesa la Universidad Autónoma de Sinaloa. No por falta de gestión, no por omisiones internas, sino por algo más delicado: la dependencia absoluta de decisiones federales que no llegan a tiempo. La imagen que circuló este jueves no es un comunicado más; es una alerta institucional. Una universidad que cumplió con todos los trámites, que entregó convenios en tiempo y forma, hoy enfrenta la posibilidad real de un paro laboral por falta de liquidez. El rector Jesús Madurña Molina fue claro: hay más de 500 millones de pesos pendientes que debieron liberarse desde finales de enero. Ese retraso no es un tecnicismo administrativo, es el salario de cerca de 20 mil trabajadores académicos y administrativos, activos y jubilados. Es transporte, renta, comida, compromisos básicos. La universidad no puede pedir normalidad cuando no hay certeza de pago. La UAS hizo lo que le correspondía. Entregó documentos, firmó convenios y sostuvo diálogo con el Gobierno del Estado y con la Secretaría de Educación Pública. Incluso hubo promesas formales: primero el 5 de febrero, ahora el 9. El problema no es la fecha, es la fragilidad del sistema, donde una institución educativa del tamaño e importancia de la UAS queda en vilo por decisiones que se toman lejos de Sinaloa. Es justo reconocer la intervención del gobernador Ruben Rocha quien instruyó a su equipo financiero a presionar directamente ante Hacienda. Pero también es válido decirlo sin rodeos: no debería ser necesaria la gestión política extraordinaria para pagar una quincena. Cuando una universidad pública tiene que advertir un paro para que se liberen recursos ya autorizados, algo está profundamente mal en la cadena de responsabilidad federal. La UAS no está pidiendo favores. Está exigiendo lo que por ley le corresponde. Y la comunidad universitaria no está presionando por capricho, sino por dignidad laboral. El llamado a la calma es entendible; la paciencia, en cambio, tiene límites. Porque cuando una universidad pública entra en zona de riesgo financiero, no solo se afecta a sus trabajadores. Se compromete la estabilidad académica, la formación de miles de estudiantes y el papel estratégico que la UAS juega en la vida económica, social y regional de Sinaloa.
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La seguridad se anticipa
Mientras en otros frentes el silencio preocupa y en algunos más la improvisación pasa factura, hay espacios donde la seguridad sí se toma en serio. La reunión para afinar el operativo de la Expo Agro Sinaloa 2026 es una señal clara de que cuando hay planeación, coordinación y responsabilidad, los eventos pueden realizarse sin dejar nada al azar. No se trata de un encuentro menor. Treinta mil visitantes, inversión, innovación y proyección nacional e internacional exigen algo más que discursos: exigen protocolos claros y presencia institucional real. Que en una misma mesa se sienten autoridades federales, estatales y municipales, junto con cuerpos de rescate y auxilio, habla de una lógica correcta: prevenir antes que lamentar. Aquí no hubo evasivas ni sonrisas incómodas. Hubo trabajo técnico, reconocimiento de riesgos y disposición operativa. Desde el Ejército y la Guardia Nacional, hasta Protección Civil y las corporaciones locales, el mensaje fue uno solo: el evento se cuida desde ahora, no cuando estalla el problema. La Expo Agro es uno de los principales escaparates productivos de Sinaloa. Cuidarla no es solo proteger un evento, es proteger la reputación del estado, la confianza de los visitantes y la estabilidad de una actividad económica estratégica. Y eso, hoy más que nunca, también es gobernar.
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